P-125 Los 12 Pasos de DA

 

Edición 2016 P-125

The Twelve Steps of DA

 

 

Los Doce Pasos de DA

 

Deudores Anónimos

Literatura Aprobada por la Conferencia

 

“Los 12 pasos sugeridos de Deudores Anónimos nos dan el fundamento para una vida que será el punto de partida de nuestro programa espiritual. Son los principios que hacen posible nuestra recuperación de la locura de la deuda compulsiva.”

 

DECLARACIÓN DE PROPÓSITO:

En DA, Nuestro propósito es triple: Dejar de incurrir en deudas sin garantía,

compartir nuestra experiencia con el recién llegado y llevar el mensaje a otros deudores.

(Logo)

 

 

 

 

 

 

LOS DOCE PASOS DE DEUDORES ANÓNIMOS

Introducción a los Doce Pasos

 

Como deudores compulsivos, hemos experimentado el dolor de nuestra compulsión. Probablemente nuestro endeudamiento se haya manifestado en nuestras vidas en la forma del impago de tarjetas de crédito o de préstamos para estudios, de la compra compulsiva, el gasto excesivo o la subremuneración crónica. En un intento de resolver el dilema solamente a través de la fuerza de voluntad, es posible que nos hayamos privado de nuestras necesidades básicas. Muchos nos identificamos con varios de estos problemas que nos han llevado al endeudamiento compulsivo.

Al llegar a nuestra primera reunión de DA, la mayoría nos encontramos totalmente abatidos debido a nuestros problemas con las deudas. Ya intentamos todo con consejeros financieros, libros de autoayuda, o cursos de cómo manejar nuestro dinero, sólo para caer otra vez en el pozo de la deuda. Cuando nos acercamos a familiares o amigos, nos encontramos que nadie parece comprender por qué no podemos dejar de endeudarnos o gastar compulsivamente. Nos encontramos desesperados, sintiéndonos desesperanzados, hasta llegamos a considerar la idea del suicidio.

En Deudores Anónimos, con el apoyo de otras personas que entienden nuestro problema, hemos encontrado no solo la fuerza y la esperanza sino también una solución común, una solución que funciona. Nuestra solución es un programa espiritual de recuperación, utilizando doce pasos.

Los Doce Pasos sugeridos por DA proveen un fundamento de vida, que es la base del programa espiritual de recuperación. Estos son los principios que hacen posible nuestra recuperación de la locura de la deuda compulsiva. Trabajar los pasos nos libera de una vida basada en la ilusión. Nuestra nueva forma de vida nos ha traído la salud financiera, emocional y espiritual. Hemos encontrado un nuevo gozo de vivir. Hemos recibido el regalo de un despertar espiritual.

Si usted desea lo que le ofrecemos, y está dispuesto a hacer lo que sea necesario para obtenerlo, entonces usted está listo para seguir estos doce pasos.

 

Primer Paso

Admitimos que éramos impotentes ante la deuda compulsiva y que nuestras vidas se habían vuelto ingobernables.

Comenzamos con nuestro primer paso hacia la recuperación, con un simple reconocimiento de lo obvio. Al mirar la destrucción que hemos dejado por nuestro comportamiento compulsivo, nos damos cuenta que nuestro mejor pensamiento, nuestras acciones más enérgicas y comprometidas, y nuestros esfuerzos más determinados para el manejo y control de nuestras finanzas han sido en vano. En vez de procurarnos una vida de grandeza financiera, salud y seguridad, nuestros mayores esfuerzos solo nos llevaron hacia la deuda.

Tuvimos que admitir que no poseemos ningún control sobre nuestro endeudamiento. No importa cuanta deuda hayamos acumulado. Nos damos cuenta que, si queremos tener una vida sana y serena, no podemos continuar endeudándonos. Nuestra vitalidad y alegría de vivir han sido reemplazadas por miedo y confusión mientras luchamos en vano, tratando de levantar nuestro castillo de naipes financiero. Sabemos que nuestro próximo extracto de tarjeta de crédito o el reclamo de una factura puede ser el fuerte viento que nos haga caer en la ruina. Cuando admitimos nuestra impotencia y nuestra inhabilidad para manejar nuestras propias vidas, ponemos nuestro ladrillo fundacional en la construcción de lo que será la recuperación y serenidad.

Algunos llegamos a nuestra primera reunión abatidos por la deuda, sabiendo que no podremos resolver nuestros problemas financieros en soledad. Hemos enfrentado, desalojos, procesos legales, el fin de un matrimonio o una larga relación. Hemos sido incapaces de alimentarnos adecuadamente o de cuidar nuestra salud. Otros ejemplos de impotencia incluyen nuestra incapacidad para resistirnos al uso de tarjetas de crédito, nuestra incapacidad para resistir a una promoción, nuestra completa falta de conocimiento de nuestros saldos bancarios o de conductas frente al gasto. Colapsando bajo el peso de nuestros problemas con el dinero, encontramos alivio admitiendo nuestra impotencia.

Por otro lado, algunos fuimos reacios al principio, para reconocernos como deudores compulsivos. Nuestra situación no parecía tan mala. Algunos de nosotros no teníamos deudas de tarjetas de crédito, pero nos sentíamos avergonzados de reconocer que generalmente pedíamos a nuestra familia o amigos o dependíamos de ellos para ser rescatados en tiempos de crisis. Nos dijimos que el problema era la economía, o nuestro jefe, o un golpe de mala suerte. El próximo mes, seguramente sería diferente.

Llegamos a DA como meros receptores de información, separados de nuestras emociones, orgullosamente buscando nuevas perspectivas respecto al dinero. A medida que fuimos escuchando a otros deudores compartir lo que parecerían ser nuestros propios cuentos de miedo y caos, encontrábamos que nuestra negación y resistencia se desmoronaban. Comenzamos a aceptar que no importa cuán duro nos hayamos esforzado, solos no íbamos a poder mejorarlo. Algo estaba terriblemente mal entre nosotros y el dinero.

A nadie le gusta admitir que hemos sido vencidos en cualquier situación, pero cuando se trata de débito compulsivo, encontramos necesario rendirnos completamente. En el primer paso admitimos que no podemos continuar viviendo de la forma que venimos haciéndolo, y que no podemos hacerlo solos. Únicamente admitiendo conscientemente que somos impotentes, comenzaremos a recibir el apoyo y la ayuda que necesitamos.

Transitando la segunda parte de este paso, fuimos honestos con nosotros mismos, admitiendo que nuestras vidas se habían transformado en ingobernables De hecho poseemos suficiente evidencia del caos creado por nuestro débito compulsivo: acumulación de sobres con facturas sin abrir, llamadas repetitivas de acreedores enojados, poco o casi nada de ahorros para jubilación, sin reservas en caso de emergencias médicas, vivir “al límite” entre sueldo y sueldo. La mayoría de nuestras esperanzas y entusiasmo por vivir fueron reemplazados por preocupación y lucha sobre nuestras finanzas.

  • “Cuando Admitimos nuestra impotencia, damos el primer paso fuera del desamparo y la desesperanza”.

 

Nuestra incapacidad para controlar nuestro endeudamiento, causó estragos en nuestras relaciones, en el trabajo y en casa. Nuestra vergüenza, culpa y furia nos hicieron sentir inadecuados y sin esperanza. Culpamos a otros y a nosotros mismos. Nos sentimos desenredando el tejido de nuestra vida en un fútil intento de imaginar en qué nos habíamos equivocado.

Cuando admitimos nuestra impotencia y la imposibilidad de manejar nuestras vidas en el primer paso, abrimos la puerta  a la recuperación del dolor de nuestro comportamiento destructivo. Cuando admitimos la impotencia, dimos el primer paso para salir de la falta de ayuda y la desesperanza. En ese momento, humilde y abierto, nos encontramos listos para ir al Segundo Paso.

Segundo Paso

Llegamos a creer que un Poder Superior a nosotros mismos podría devolvernos el sano juicio.

 

El tomar conciencia de que nuestras vidas se habían vuelto ingobernables nos ha traído al segundo paso. ¿De qué forma hemos perdido nuestro sano juicio? Cuando examinamos nuestras vidas honestamente, encontramos que hemos repetido una y otra vez los mismos comportamientos irracionales, esperando resultados diferentes. Gastamos dinero que no teníamos. Pasamos del pánico a la negación, haciéndonos creer que no importaba que no pudiéramos pagar las cuentas. Cuanto más debíamos a otros, más los evitábamos, creando resentimientos con aquellos que trataron de ayudarnos. Hemos dejado de dormir preocupándonos y apenas podíamos funcionar durante el día. Decididamente no teníamos sano juicio.

Quizás, nuestra mayor insania sea la creencia de que somos todopoderosos. Un exagerado sentido de autosuficiencia nos guiaba al camino de la manipulación y grandiosidad. Creíamos que no debíamos cumplir las mismas reglas que los otros seres humanos. Estábamos exentos de ello, éramos únicos y especiales. ¡Seguramente nuestra inteligencia y determinación podría encontrar una salida para arreglar las cosas! Y así pasaba el tiempo y nuevamente la manipulación y no tener escrúpulos no nos llevaba a ninguna parte, sólo a caer cada vez más profundo en la deuda.

Algunos de nosotros hallábamos difícil aceptar la creencia en un Poder Superior. Lógicamente no podíamos aceptar el concepto tradicional de un Dios religioso. Para algunos, la sola idea de un Dios “era absurdo y abominable”. En las reuniones de Deudores Anónimos, aprendimos que no se necesita ninguna doctrina específica. Encontramos que podemos elegir cómo creer a pesar de nuestra lógica y razón.

Para algunos, “empezar a creer” significaba dejar ir al Poder Superior que no funcionó para nosotros. Para otros el desafío era deshacerse del Dios vengativo inculcado en nuestra religión de crianza e invitar a un nuevo Dios en nuestras vidas, uno que nos ame incondicionalmente tal como somos. Otros descubrimos que arrastramos una creencia inconsciente en un Dios que parece cuidar más de ideales abstractos como el amor y el perdón, que de las dolorosas realidades del dinero y las tarjetas de crédito. Aquellos que llegan a DA con una práctica espiritual que les da significado, encuentran que a través del trabajo del segundo paso se acercan de una forma muchísimo más profunda con su Fe. Cualquiera que haya sido nuestra experiencia con la fe o la religión, necesitamos a partir de ahora, encontrar un camino espiritual que sirva para nosotros.

Con la ayuda de otros miembros de DA, nuestro padrino o madrina, la literatura de DA y AA, le damos a nuestra alma y nuestro corazón el libre albedrío para construir un nuevo concepto de un poder espiritual. Algunos encontramos que podemos hacer de la comunidad de DA nuestro Poder Superior. Muchos encontramos nuestra fuente en la naturaleza. Para unos el Poder Superior es una fuerza exterior, para otros, es un poder que reside dentro de uno mismo. En cualquier caso, cualquiera que sea nuestro concepto de Poder Superior, tiene el poder de hacer por nosotros, aquello que nosotros no podemos hacer por nosotros mismos: dejar la obsesión de la deuda compulsiva. Necesitamos creer en un Poder Superior a nosotros mismos.

Nuestra visión de un Poder Superior no necesita ser perfecta o completa para comenzar este paso. Al inicio, teníamos más preguntas que respuestas, el Dios de nuestro entendimiento parecía estar frustrantemente distante. De hecho, muchos de nosotros encontramos por primera vez la mano del Poder Superior, cuando nos hallamos en la más profunda obscuridad de nuestra desesperación.

Algunos experimentamos que el “comenzar a creer” es un proceso que evoluciona y se profundiza a través del tiempo. Aprendimos que crear una conexión con el Poder Superior es un esfuerzo constante de “un día a la vez”. Gradualmente, una sensación de confianza y conexión comienza a cristalizarse en un puente hacia nuevos despertares espirituales. Sentimos alivio, sentimos paz.

Empezamos a ver como el Poder Superior de nuestro entendimiento puede curar nuestras destrozadas vidas. Alentados por nuestra nueva relación con un Poder Superior más grande que nosotros mismos, nos encontramos listos para el Tercer Paso.

 

Tercer Paso

 Decidimos confiar nuestra voluntad y nuestra vida al cuidado de Dios, tal como nosotros lo concebimos.

En el Tercer paso, realizamos una elección consciente de permitirle a nuestro Poder Superior hacerse cargo de nuestras vidas, nuestra dependencia de nuestro propio desorden ya no será nuestra guía. Sospechábamos que nuestra voluntad era en el mejor de los casos un piloto en el que no podíamos confiar, en el peor de los casos, algo que realmente podría destruir nuestras vidas en las costas rocosas de la deuda, el gasto compulsivo y la subremuneración.

Los miembros de DA que han recorrido este camino antes que nosotros, nos han dicho que nuestro pasar será más sereno si dejamos que nuestro PS nos guíe. Para comenzar, todo lo que debemos hacer es tomar la decisión. Cuando nos demos cuenta de que nuestra mente quiere retroceder, debemos una vez más tomar esta decisión, lo haremos tan frecuentemente como sea necesario.

Muchos de nosotros dudamos. Parecía peligroso entregar nuestra voluntad a una especie de fuerza exterior. Pensábamos que nuestra voluntad somos nosotros mismos, si renunciásemos a ella, ¿nos transformaríamos en nada? Hemos deliberado ampliamente sobre el tema del control de nuestras vidas, pensando que, si sólo lo dejáramos por un momento, todo nuestro mundo podría estrellarse de repente. Puede que temamos tener que abandonar nuestros más preciados deseos y esperanzas, las secretas visiones que nos dan la razón por la cual vivir en medio de nuestra enfermedad. No nos habíamos dado cuenta de que nuestra fuerza de voluntad podría llevarnos tan lejos de nuestros sueños y esperanzas.

Abandonar nuestra propia voluntad no es fácil. Pero bajo la guía de este paso, muchos nos sentimos liberados de la carga de resolver todos los problemas por nosotros mismos. Luchar contra nuestras dificultades había roto con nuestro último gramo de resistencia. Escuchar a compañeros deudores hablar de cómo habían cambiado sus vidas bajo el cuidado de un Poder Superior, y ver como su situación estaba cambiando, fueron la inspiración para confiar. Cuando entregamos nuestras vidas a un Poder Superior, en la medida en que somos capaces de soltar, la sanidad y la esperanza regresan.

Algunos de nosotros teníamos un entendimiento con el Dios con el cual nos sentíamos cómodos, tomar la decisión de confiar en un Poder Superior tenía sentido perfectamente. Sin embargo, otros, aún sin tener una idea bien definida de Dios, necesitábamos estar dispuestos a tomar la decisión, entregando nuestra voluntad y nuestra vida al cuidado de un Dios del cual aún no teníamos completo entendimiento. Confiamos que nuestro entendimiento se incrementaría a medida que seguíamos los pasos hacia la recuperación.

Las historias de algunos de nosotros hacen difícil confiarnos al cuidado de un PS. Consideramos a Dios indiferente a nuestro destino o siempre enojado y castigando. Nuestro secreto temor fue que ese Dios no quisiera cuidarnos porque no somos merecedores. Creíamos que no necesitábamos cuidado, al menos no del Creador. El Tercer Paso y la experiencia de otros miembros de DA, nos aseguran que el Dios al que confiamos nuestra voluntad y nuestra vida es uno en el cual podemos confiar. Gradualmente, un día a la vez, invitamos a nuestro PS a caminar con nosotros en todas las áreas de nuestras vidas y a pavimentar los caminos hacia una nueva auto-aceptación.

Someter nuestra voluntad al cuidado de un Poder Superior fue reconocer que hay muy poco en nuestra vida que podemos controlar, que necesitábamos la asistencia de un Poder que pueda hacer por nosotros aquello que nosotros no podemos. Al principio, dejar nuestras vidas al cuidado de Dios, significa rendirnos a nuestra compulsión a usar tarjetas de crédito o a firmar cheques sin fondos. Generalmente se sugiere que se corten nuestras tarjetas, destruyéndolas es una forma concreta de cambiar del modo fe en “el crédito” a la fe en una fuente más confiable. Con el tiempo, a medida que continuamos trabajando el programa de DA, encontramos que Dios quiere todo de nosotros no sólo una parte: no es sólo nuestras tarjetas de crédito, sino nuestras esperanzas, nuestros miedos, nuestras relaciones, nuestra insanidad, y nuestro futuro. A medida que crece nuestra fe en Dios, así también crece nuestra disposición para rendirnos frente a todo. Un día a la vez, nos disponemos a aceptar la dirección divina, por lo tanto, ya podemos ir al Cuarto Paso.

 

Cuarto Paso

 Sin temor hicimos un sincero y minucioso inventario moral de nosotros mismos.

En el cuarto paso comenzamos a asumir la responsabilidad de nuestras acciones. A menudo, hemos sido muy rápidos en señalar con el dedo culpando a otros, ahora debemos focalizarnos en nosotros mismos. Con el apoyo y guía de nuestro padrino o madrina y otros miembros de DA, nos encontramos dispuestos a mirar nuestro propio rol en toda nuestra situación.

Al principio, nos faltó coraje cuando consideramos hacer una honesta evaluación de nosotros mismos. Nos sentimos aterrados de exponer nuestros fallos a la luz de la verdad. Pero el inventario a realizar en el Cuarto Paso no es un ejercicio de auto -crítica. Es un balance de nuestras cuentas, es una lista de nuestras habilidades y de nuestras obligaciones. Ninguna cura podrá tener efecto sin un diagnóstico basado en un examen minucioso. Encontramos que la honestidad es la mejor manera de actuar, resistimos al impulso y la justificación, la exageración o la excusa.

A medida que hacemos retrospección de nuestras vidas, sentimos oleadas de furia con aquellos que nos han causado dolor. Sin embargo, en cada caso, cuando examinamos la situación cuidadosamente, vemos que nosotros hemos tenido un rol en ello, quizás ofendiéndonos cuando esa no era la intención hacia nosotros. Ira y resentimiento generalmente alimentan nuestros propios miedos de que otros no nos consideren merecedores. Por otra parte, cuando somos honestos y buscamos, como el paso nos sugiere, descubrimos que aquellas faltas que más despreciamos en los otros son las que sufrimos nosotros mismos.

¡Observamos también cuán increíblemente creativos somos, vemos el caos y la destrucción que fuimos capaces de crear! Si esa energía creativa pudiera ser utilizada y transformada en trabajo para nuestra recuperación, ¿qué no podríamos lograr? Hemos visto lo que hemos destruido y perdido.

Pasamos tiempo reflexionando, recordando, mirando atrás a través de nuestro historial de deuda, como un detective buscando pistas en un misterio intrigante, y luego escribimos lo que encontramos. Nos aseguramos de examinar nuestro gasto compulsivo y nuestros comportamientos de subremuneración. Somos escribas de nuestra propia vida, recordando nuestra insanidad, tomando también en cuenta nuestros logros.

  • Llevado a cabo con integridad, el cuarto paso tiene el poder de transformar nuestras vidas”

Es una oportunidad para traer amorosamente a nuestra conciencia, la desesperación, la parte enferma de nosotros que nos han llevado a la deuda. Repasando nuestras interacciones con el dinero y la deuda, no juzgamos, no analizamos y no ponemos excusas. Simplemente escribimos una crónica de aquello que ha sucedido, qué sentimos, y lo que hemos hecho.

Se nos pide tomar acción, pero el Cuarto Paso no tiene que ser hecho a la perfección. Sí, debe hacerse exhaustivamente, y generalmente con la asistencia de un padrino o madrina.

Entre los métodos utilizados está el método de las columnas tal como las encontramos en el Libro Grande de Alcohólicos Anónimos. Otros han escrito su historia de vida.

Si nos encontramos paralizados por el terror, atemorizados por encontrarnos en un pasado que preferimos olvidar, recordamos confiar en el cuidado del Poder superior, un poder más grande que nosotros mismos. Algunos encontramos que la única forma para liberarnos de las garras de nuestro temor, es actuar como si no tuviéramos miedo.

Desempeñado con integridad, el Cuarto Paso tiene el poder de transformar nuestras vidas. Muy pocos de nosotros han completado el cuarto y quinto paso sin haber experimentado liberación. Conocernos en todos nuestros caprichos y debilidades, nos libera de la vaguedad y la negación, y restaura en nosotros el coraje de seguir con el Quinto Paso.

 

 

Quinto Paso

Admitimos ante Dios, ante nosotros mismos y ante otro ser humano, la naturaleza exacta de nuestras faltas.

Practicamos el espíritu del Quinto Paso cada vez que compartimos en las reuniones de DA. En ellas, nos sentimos lo suficientemente a salvo para dejar de escondernos detrás de nuestra capa de miedo y vergüenza y dejar que otras personas vean nuestras humanas imperfecciones. El Quinto Paso va un paso más allá, completando el trabajo comenzado en el Cuarto Paso. Encontramos que es beneficioso tomar este paso inmediatamente luego de finalizar el Cuarto Paso con el objeto de desahogarnos, aliviarnos de las poderosas emociones removidas al escribir nuestro inventario. El Quinto Paso puede verse formidable, pero en realidad una vez que completamos el Cuarto Paso, descubrimos que aún no nos hemos enfrentado a nuestro peor crítico: nosotros mismos.

Encontramos de gran ayuda tomarnos un tiempo para admitir nuestros defectos frente a Dios y a nosotros mismos. Luego, procedemos a reunirnos con otra persona para completar el paso. Debido a que este paso es crítico, elegimos cuidadosamente a la persona frente a la cual admitiremos nuestros errores. Usualmente, elegimos a un padrino o madrina, un miembro de DA con más experiencia en el programa, un miembro de la iglesia, o un profesional que pueda escuchar cuidadosamente sin juzgarnos, ofreciendo apoyo y aceptación.

Es sorprendente cuán fuertemente nos resistimos a admitir nuestros errores. Después de todo, nuestras peores acciones y actitudes eran bien conocidas por todos aquellos que nos rodeaban y ciertamente por Dios. Quizás esperábamos que, si no detallábamos nuestros errores, nadie se habría enterado. Sin embargo, lo cierto es que la ruina de nuestras vidas, probó lo contrario, a los únicos que engañamos fue a nosotros mismos.

El Quinto Paso ofrece la oportunidad de dejar de engañarnos a nosotros mismos, de escuchar lo que nos dice nuestra conciencia y de reconocer en voz alta lo que nos dice. Al exponernos, con todas nuestras dificultades frente a Dios y a otro ser humano, nos liberamos del sufrimiento de nuestra culpa y desolación. Confiamos en esa persona en el entendimiento de que somos falibles, simplemente humanos.

Abriendo nuestros corazones, nos abrimos a la sanación a través del poder de la verdad. Rompimos nuestro aislamiento y comenzamos a construir el puente hacia la sanación y transformación que nos ofrecen los Pasos Sexto y Séptimo.

 

Sexto Paso

Estuvimos enteramente dispuestos a dejar que Dios eliminase todos estos defectos de carácter.

El Sexto Paso nos ofrece uno de los más grandes regalos espirituales del programa: el cambio. No importa lo que hayamos descubierto de nosotros en los pasos anteriores, el cambio es posible. No estamos condenados a vivir una vida contaminada por nuestra enfermedad. Al contrario, un Poder Superior a nosotros mismos, puede eliminar de nuestro interior el miedo, la deshonestidad, nuestra propia obsesión, y nuestra necesidad de incurrir en deuda.

Los Pasos Cuarto y Quinto nos han mostrado claramente por primera vez nuestros defectos y sus efectos en nuestras vidas y en nuestras relaciones. Comenzamos a entender que nuestros defectos de carácter ya no son útiles, de hecho, son obstáculos para experimentar la plenitud y riqueza de la vida.

Muchos llegamos a DA creyendo que nada podría cambiarnos. ¿Cuántas veces hemos intentado abstenernos de endeudarnos a través del chantaje, la manipulación o la obstinación? ¿Cuántas veces hemos fallado?

El Sexto Paso nos ofrece una solución espiritual a este dilema. Si bien no podremos cambiarnos a nosotros mismos, sólo a través de rendirnos a un Poder Superior, podemos ser restaurados a nuestra integridad espiritual que es nuestro derecho de origen. Esto es un verdadero milagro, y trabajando este paso estamos listos para que el cambio suceda.

La parte de acción de este paso es cambiar nuestra actitud. El Paso Sexto paso nos pregunta si estamos dispuestos a dejar ir nuestros defectos de carácter. Nos disponemos a través de la oración, meditación, y hablando con otros miembros de D.A. Nuestra disposición es la llave de nuestra curación, sin ella, nuestros corazones se encuentran bloqueados al regalo de la transformación. Nuestro corazón nos abre a un Poder que puede hacer aquello que nosotros no podemos.

Simplemente le dijimos a nuestro Poder Superior que estábamos listos y dispuestos para dejar que nos eliminase todos nuestros defectos de carácter.

A través del trabajo de este paso, descubrimos que estábamos listos para que Dios nos transformara. Estamos listos para pasar al Séptimo Paso.

 

Séptimo Paso

 Humildemente pedimos a Dios que eliminase nuestros defectos.

 

En el Séptimo Paso le pedimos a un Poder Superior a nosotros, que haga aquello que nosotros no podemos: liberarnos de nuestras flaquezas. No le pedimos al Dios de nuestro entendimiento que eliminara las consecuencias de nuestro comportamiento, sino su causa: nuestros defectos de carácter.

La propia palabra defectos contenía el perdón que habíamos experimentado en los pasos previos ya que sugiere rasgos y acciones que han causado que cayéramos pese a nuestras mejores intenciones.

Nuestra nueva humildad nos permite reconocer que nuestros defectos de carácter nos han llevado más lejos de lo que imaginábamos.  El Séptimo Paso era una plegaria, una ofrenda a Dios de lo mejor de nosotros, un profundo reconocimiento de que ya no necesitamos más que mantenernos en el camino de servir a nuestro Poder Superior.

Humildad no significa que nos humillemos. Aquellos de nosotros que nos consideramos lo más bajo, con los peores defectos, debemos aprender que esta también es otra forma de grandiosidad. Humildad significa que simplemente somos humanos, ni mejores ni peores que las personas que conocemos. Esta es una píldora difícil de tragar para los que tendemos a oscilar desatinadamente entre la arrogancia y el autocastigo. Volvernos humildes ante Dios nos dio una mejor perspectiva de nuestro lugar en el Universo.

Paradójicamente, la humildad nos ha hecho íntegros.

En el Séptimo Paso tomamos conocimiento que los defectos son nuestros, de nadie más. Porque esos defectos nos pertenecen, somos los únicos que debemos pedir sean eliminados. Lo único que debemos hacer es pedir, el resto permanece al cuidado de Dios.

Habiendo obtenido una nueva perspectiva y una nueva libertad, nos encontramos listos para el Octavo Paso.

 

Octavo Paso

Hicimos una lista de todas las personas a quienes habíamos perjudicado y estuvimos dispuestos a reparar el mal que les ocasionamos.

 

En el Octavo Paso tomamos acción para comenzar a sanar las relaciones que hemos dañado como consecuencia de nuestro comportamiento deudor. Los pasos Octavo y Noveno ofrecen la oportunidad de reparar el dolor que hemos causado a otros y a nosotros mismos. Esto nos permitirá un nuevo comienzo.

La lista de personas a las que hemos perjudicado comienza con aquellas que hemos identificado en el inventario del Cuarto Paso. A menudo nos habíamos vengado de aquellos que nos habían herido. Al principio nos indignaba tener que hacer enmiendas a aquellos que aún no nos habían reparado de sus ofensas. En DA aprendimos que, si queremos liberarnos de nuestra deuda compulsiva, debemos aceptar la responsabilidad de nuestras acciones, centrándonos en nuestra parte, no importa lo que hagan los otros.

Incluimos en la lista a cada persona a quien hayamos lastimado financiera, emocional o espiritualmente. Nuestra lista generalmente incluye miembros de nuestra familia, amigos, jefes e instituciones, especialmente incluimos a aquellas personas a las que les debemos dinero o se lo hayamos robado. Dado que nuestras acciones nos han causado un grave perjuicio, ponemos nuestro propio nombre en la lista.

Algunas enmiendas sentimos que podemos encararlas inmediatamente. Otras nos parece que nos tomará algún tiempo, y otras sentimos que necesitaremos la ayuda de nuestro Poder Superior a fin de estar dispuestos a llevarlas a cabo.

La primera parte del Octavo Paso requiere solamente que hagamos la lista de aquellos a los que hayamos perjudicado. La segunda parte del paso nos hace tomar consciencia que necesitamos de la oración, meditación y experiencia para estar listos para estar dispuestos a hacer las reparaciones a cada persona en la lista.

No es necesario saber cómo haremos las enmiendas. A fin de completar este paso, todo lo que se requiere es estar dispuesto. A medida que continuamos trabajando el programa de DA, despertamos un día encontrándonos finalmente que ya contamos con la disposición necesaria. Armados con una nueva resolución, estamos listos para el  Noveno Paso.

 

Noveno Paso

Reparamos directamente el daño causado a estas personas, cuando nos fue posible hacerlo, excepto en los casos en que el hacerlo les hubiese infligido más daño o hubiese perjudicado a un tercero.

Al principio el Paso Noveno parece abrumador. Requiere que, con humildad, reconozcamos abierta y honestamente el efecto de nuestras acciones en aquellas personas a quienes perjudicamos.

No es suficiente con decírselo a nuestro padrino o madrina. No podemos detenernos sólo con admitirlo frente a nuestro Poder Superior. Debemos estar dispuestos y conscientes para hacernos responsables de nuestra parte, sin acusaciones, enojos, resentimientos o auto justificación. Esto requiere de gran coraje y una preparación a través de la oración, la meditación y el trabajo con nuestro padrino o madrina.

Dejamos de lado cualquier expectativa que hayamos tenido respecto al resultado de nuestras enmiendas. No importa cómo la otra persona reciba nuestras enmiendas o si ellos nos perdonan o no. Lo que importa es hacer una reparación por el daño que hemos hecho. Hacemos nuestras enmiendas para tener una vida feliz, libre de culpa, vergüenza o remordimiento. Enmendamos nuestros errores, no porque alguno necesite asegurarse el bienestar de otras personas, sino porque nuestra recuperación depende de ello. Nuestra preocupación está en corregir nuestros errores. Sólo actuando así, estaremos listos para experimentar las promesas del programa de DA.

Este paso aconseja discreción. Las enmiendas nunca deben ser hechas de modo que causen un mayor daño a la persona o dañen a otros. Por ejemplo, no debemos manipular a otros para ser perdonados. No debemos presionarlos si ello causa un dolor evidente a una tercera persona. No debemos comprar paz de mente a costa de otras personas. Consultamos con nuestro padrino o madrina y otros miembros de DA, examinando nuestros motivos y determinando el mejor momento y manera para hacer cada enmienda.

Cuando llegamos por primera vez a DA muchos de nosotros quisimos hacer reparaciones financieras de forma inmediata, ignorando los primeros ocho pasos. Nuestro grupo de alivio de presión o nuestro padrino nos ayudaron a ver la importancia de satisfacer nuestras necesidades hasta que nos encontremos seguros de nuestra abstinencia de incurrir en nuevas deudas no garantizadas. Sólo así, con su guía, comenzamos a formularnos y establecemos un plan de pagos de nuestra deuda. A través del tiempo seremos capaces de continuar corrigiendo nuestros problemas financieros, eliminando algunas o todas nuestras deudas.

Sin embargo, nunca es demasiado pronto, para comenzar a “enmendar nuestros errores” cambiando nuestro comportamiento en el presente. No importa cuán dolorosa puede haberse vuelto una relación, al enmendar nuestras acciones en nuestro largo camino nos provee de un bálsamo sanador para nuestras viejas heridas. Las nuevas acciones van mucho más allá que las palabras y sirven mejor para convencer a otra persona de que estamos seriamente cambiando de vida.

  • “Enmendamos nuestros errores no porque alguien necesite asegurar el bienestar de otros, sino porque nuestra recuperación depende de ello”.

En este punto, si hemos sido minuciosos trabajando nuestros pasos, muchos de nosotros nos despertaremos dándonos cuenta que nuestras vidas han experimentado una transformación, un cambio ha tenido lugar dentro de nosotros, prácticamente sin darnos cuenta. Nuestros pensamientos, nuestras actitudes y nuestro comportamiento estarán alineados a una nueva forma de ser en el mundo, con nuestras finanzas y en todas las áreas de nuestras vidas. Nos encontraremos más y más capaces de hacernos responsables de nuestras acciones. Sin darnos cuenta, nuestro trabajo nos habrá preparado para el Décimo paso.

 

Décimo Paso

Proseguimos con nuestro inventario personal, y cuando nos equivocábamos lo admitíamos inmediatamente.

Una vez que hemos arreglado nuestro pasado, el Décimo Paso nos recuerda que continuemos utilizando las herramientas de los Pasos Cuarto al Noveno con el objeto de mantener nuestro bienestar espiritual y emocional. Muchos miembros de DA realizan este auto examen diariamente, o tal vez como una revisión previa a ir a dormir. Examinamos nuestro día y tomamos en cuenta nuestros errores y éxitos. Si nos equivocamos o lastimamos a alguien, nos preguntamos: ¿Debemos pedir disculpas o necesitamos compensar a alguien por nuestros errores? ¿Albergamos algún resentimiento? Conversaremos con nuestro Padrino o Madrina y otros miembros de DA acerca de lo que nos está molestando. Esto nos será de ayuda para poder manejar de una nueva o mejor manera nuestros problemas.

Algunos continúan con la oración y meditación por las mañanas. Buscamos miedos, autosuficiencia, deshonestidad, resentimiento y otros pensamientos y comportamientos que nos hayan causado dificultades. Le pedimos a Dios ayuda para cambiar nuestro comportamiento. De esta forma practicamos la humildad, la honestidad, y el respeto hacia otros. Reconociendo inmediatamente nuestros errores, no acumularemos resentimientos. ni culpas que alimenten nuestros miedos y nos lleven a nuestros comportamientos compulsivos.

En DA muchos de nosotros aprendimos a llevar un inventario financiero, como parte de nuestra evaluación espiritual. ¿Estamos registrando nuestros gastos? ¿Está nuestro gasto previsto en el Plan de Gastos? ¿Hicimos progresos con nuestro Plan de Acción? Si no, pedimos ayuda de nuestro Poder Superior.

El Paso Décimo nos alienta a mantener en forma una condición espiritual que nos ayude a sostener el sano juicio recuperado en nuestras vidas. Cuando nuestra casa emocional y financiera esté en orden, estaremos preparados para recibir la guía divina del Paso Undécimo.

 

Paso Undécimo

 Mediante la oración y la meditación tratamos de mejorar nuestro contacto consciente con Dios, tal como nosotros lo concebimos, y le pedimos tan sólo la capacidad para reconocer su voluntad y la fuerza para cumplirla.

 La oración y la meditación son los pilares de nuestras vidas en recuperación. En el Paso Undécimo buscamos un mayor contacto con Dios para encontrar la guía que nos conduzca a un nuevo camino en nuestras vidas. A través de la oración y la meditación aquietamos nuestras mentes y nuestras emociones. Nuestros pensamientos cambian. Nos volvemos más pacientes. A medida que dejamos atrás el miedo y la duda, nuestra vida adquiere un nuevo significado y encontramos una realización espiritual diaria. Logramos una serenidad duradera.

No hay una sola forma que se recomiende para mejorar nuestro contacto con Dios tal como lo entendemos. La práctica espiritual que elegimos depende enteramente de nosotros. Hay muchos caminos para llegar a Dios. Lo que es esencial, es que continuemos entregando nuestra voluntad a un Poder Superior. Encontramos nuestra voluntad inexorablemente obstinada, sin un contacto espiritual regular, rápidamente volveremos a los pensamientos y acciones que tanto daño nos han causado.

Cuando nos detenemos y pedimos la guía divina, podemos continuar con confianza. Cuando oramos pidiendo fortaleza para llevar a cabo la voluntad de nuestro Poder Superior, descubrimos con sorpresa que nuestros pensamientos y acciones han cambiado. Nos sorprendemos de nuestro coraje y serenidad. Nos damos cuenta que ya no confiamos en nuestro propio poder, sino en el del Poder Superior que trabaja a través nuestro.

 

Paso Duodécimo

Habiendo logrado un despertar espiritual como resultado de estos pasos, tratamos de llevar este mensaje a otras personas y de practicar estos principios en todas nuestras acciones.

Cuando llegamos al Duodécimo Paso, la mayoría estábamos experimentando la felicidad por los logros obtenidos al trabajar los pasos. Nuestra alegría y abundancia fue en aumento. Así como continuamos trabajando los pasos y recuperándonos, nos volvimos más prósperos en todas las áreas de nuestras vidas: mental, emocional, física, material y espiritualmente. Nos conectamos con otros de una forma más fácil. Nuestros miedos y ansiedades respecto al dinero disminuyen. Haber trabajado los once pasos anteriores nos trae la promesa del Duodécimo Paso: el despertar espiritual.

Solíamos pensar que los otros o las circunstancias eran los culpables de nuestros problemas financieros. En realidad, la fuente de nuestro dolor era mucho más profunda. Utilizábamos desesperadamente nuestro débito compulsivo para evitar sentir el dolor del vacío que había en el centro de nuestra alma. ese vacío que sólo nuestro Poder Superior podía llenar. Entendimos, a través del proceso de trabajar los pasos, que Dios es la solución para cada problema que encontráramos, cada compulsión que albergábamos, y cada obsesión que procurábamos para escapar. Dios siempre estuvo allí para nosotros, pero hasta que no admitimos nuestra impotencia, limpiamos nuestra casa y pedimos dirección divina, no nos sentimos listos para recibir los regalos de la recuperación. A través del trabajo del paso duodécimo, descubrimos nuestra justa medida y experimentamos serenidad.

La compañera de la serenidad es la gratitud. A medida que disfrutamos de las recompensas del programa, nuestra gratitud nos inspira a pasar a otros la gracia que se nos ha dado y la gratitud recibida. Como forma de devolver al programa, que literalmente salvó nuestras vidas, hacemos servicio: personal, en reuniones, Intergrupo o en el Servicio Mundial. Llevar el mensaje a otros, fue la llave para continuar con nuestra sanidad emocional, mental y espiritual.  Ayudando a otros, enriquecemos nuestras vidas. Muchas veces encontramos que nuestra propia desesperación fue calmada a través de una llamada telefónica recibida o de un pedido de ayuda de otros miembros de D.A. que estaban sufriendo. A veces las palabras que más necesitamos oír salen de nuestra propia boca. Ayudar a otros nos ayuda a nosotros mismos. A medida que fuimos liberados de lidiar con nuestros propios problemas, nos transformamos en personas más responsables, miembros que contribuimos a la sociedad.

Cuando vemos el sufrimiento que la deuda compulsiva ha causado en la vida de otros, vemos lo que la gracia de Dios ha hecho por nosotros. Para mantener aquello que nos ha sido dado, continuamos trabajando el programa de los doce pasos, practicando tan a menudo como fuere necesario para mantener nuestra recuperación. Las viejas ideas han sido reemplazadas por nuevos pensamientos de auto aceptación.

El cambio de valores y creencias se refleja en nuevos y saludables comportamientos: somos un testimonio viviente  del poder de los Doce Pasos.

  • A medida que disfrutamos de las recompensas del programa, nuestra gratitud nos inspira a entregar a otros los dones que nos han sido dados y que hemos aceptado agradecidos”.

 

El Paso Duodécimo nos recuerda que los principios de este programa ofrecen una guía para vivir en un mundo lleno de otros seres humanos. Nos hemos apoyado en los Pasos y en la comunidad de DA para enfrentarnos a los retos, algo que de otra manera hubiera resultado muy difícil hacer, y no nos han defraudado. Estas doce simples herramientas para vivir lo han hecho posible cada día, no importando el reto, con gratitud y serenidad en nuestros corazones.

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P-125 Junio/2016  Traducción del Folleto Original en inglés, P-125 The Twelve Steps of DA

 

 

P-125 Los 12 Pasos de DA

 

Los Doce Pasos De Deudores Anónimos

Folleto P-125 The Twelve Steps of Debtors Anonymous

 

INTRODUCCIÓN A LOS DOCE PASOS

Como deudores compulsivos, hemos experimentado el dolor de nuestra compulsión. Nuestras deudas se manifestaban de varias formas en nuestra vida, tales como: saldos impagados de tarjetas de crédito, o de préstamos, compras compulsivas, gastos compulsivos  o ganar poco crónicamente.

Tratando de resolver este problema, sólo a través de nuestro esfuerzo, caemos en una adicción a la pobreza compulsiva, privándonos de nuestras necesidades básicas. Muchos nos sentimos identificados en todas o en alguna de estas formas de deuda compulsiva.

En el momento de entrar en nuestra primera reunión de DA, la mayoría se sentía abrumado por las deudas. Habíamos tratado con Consejeros financieros, con libros de autoayuda, con cursos sobre el manejo de dinero, sólo para caer una y otra vez en el pozo de la deuda.

Al estar en contacto con amigos o parientes, nos encontramos que no podían entender porqué éramos impotentes para dejar de endeudarnos. Nos sentíamos desesperados, sin esperanza, al borde del suicidio. En Deudores Anónimos hemos encontrado, no sólo la fuerza y la esperanza con el apoyo de otros miembros que entienden nuestro problema; sino también, con una solución común, una solución que funciona.

Nuestra solución es un programa espiritual de recuperación, utilizando  los Doce Pasos. Los Doce Pasos sugeridos por DA proveen un fundamento de vida, que es la base del programa espiritual de recuperación. Son los principios que hacen posible nuestra recuperación de la falta de sano juicio en nuestro endeudamiento compulsivo.

Libres de la ilusión de nuestras compulsiones, alcanzamos un cambio financiero, emocional y espiritual en nuestras vidas. Hemos encontrado un nuevo placer de vivir. Hemos recibido el regalo de un renacer espiritual. Si desea lo que ofrecemos y está dispuesto a ir lo lejos que haga falta para lograrlo, entonces está listo para seguir estos Doce Pasos.

 

LOS DOCE PASOS DE DEUDORES ANÓNIMOS

 

  1. Admitimos que éramos impotentes ante la deuda, que nuestras vidas se habían vuelto ingobernables.

Comenzamos con el Primer Paso en nuestra recuperación, simplemente al reconocer algo obvio: al mirar las ruinas dejadas por nuestras conductas deudoras, a pesar de haber actuado con nuestras mejores intenciones, con nuestras acciones más enérgicas y dedicadas, con la mayor determinación de nuestros esfuerzos para controlar y manejar nuestras finanzas, esta acción sólo nos trajo más deuda, en lugar de solvencia y abundancia.

Tuvimos que admitir que no teníamos control sobre nuestro endeudamiento. No importa la cantidad de deuda. Imaginabamos que podríamos evitar el continuar endeudarnos y llevar sanas y serenas vidas. Nuestra vitalidad y placer de la vida fueron remplazados por el temor y la confusión a medida que tratamos en vano de levantar nuestro castillo de naipes financiero. Supimos que la próxima liquidación de una tarjeta de crédito o la próxima factura podían ser el soplo que nos llevara a la ruina.

Cuando admitimos nuestra impotencia y nuestra inhabilidad para manejar nuestras propias vidas, apoyamos el primer ladrillo del basamento que nos permitirá crecer hacia la solvencia y serenidad. Algunos de nosotros hemos llegado a nuestra primera reunión vencidos por el endeudamiento, sabiendo ya que no podíamos resolver nuestros problemas financieros solos. Hemos enfrentado  procesos legales o terminado matrimonios o largas relaciones. Hemos llegado a no alimentarnos adecuadamente o a considerar el cuidado de nuestra salud.

Otros ejemplos de impotencia incluyen nuestra incapacidad para resistirnos al uso de tarjetas de crédito, nuestra incapacidad de lograr un buen negocio, nuestra completa vaguedad en nuestro balance y planes de gastos. Colapsados bajo el peso de nuestros problemas de dinero, encontramos alivio en admitir nuestra impotencia. Algunos de nosotros, por otro lado, rechazamos al principio llamarnos a nosotros mismos deudores compulsivos. Nuestra situación no parecía ser tan mala. Algunos de nosotros no teníamos deuda de tarjetas de crédito, pero nos sentíamos con vergüenza al confesar que habíamos pedido prestado a parientes o amigos nuestros en tiempos de crisis. Nos decíamos a nosotros mismos que el problema era la economía, o nuestro jefe o la mala suerte. El próximo mes, seguramente, sería diferente. Hemos llegado a DA como buscadores de información, desprovistos de emociones, buscando una nueva perspectiva sobre el dinero, y al escuchar a otros deudores compartir algo que sonaba como nuestra historia de temor y caos, vimos que nuestra negación y resistencia sucumbían. Comenzamos a aceptar que no importaba lo que trataramos de esforzarnos, solos no podríamos hacerlo bien. Algo estaba terriblemente mal entre nosotros y el dinero. A nadie le gusta admitir ningún tipo de defecto, pero cuando se trata de deuda compulsiva, encontramos necesario rendirnos completamente.

En el Paso Uno admitimos que no podíamos continuar nuestras vidas en el camino que llevábamos y no podríamos hacerlo solos. Sólo estando dispuestos a admitir nuestra impotencia podremos comenzar a recibir el apoyo y la ayuda que necesitamos. En la segunda parte de este paso, siendo perfectamente honestos con nosotros mismos, en admitir que nuestras vidas se han vuelto ingobernables. En efecto, estamos llenos de evidencia que nuestra deuda compulsiva ha creado un caos: pilas de facturas sin abrir, llamadas de enojados acreedores, pequeños o nada de ahorro para nuestro retiro, no tenemos una reserva para gastos de emergencia, vivimos en el filo entre pagos de salario. Mucha de nuestra esperanza y entusiasmo por la vida han sido remplazados por la preocupación sobre nuestras finanzas.

 Nuestra incapacidad para controlar nuestra deuda ha ingresado el caos en nuestros trabajos y en nuestros hogares. Nuestra vergüenza, culpa y furia nos ha dejado sintiéndonos inadecuados y sin esperanza. Nos culpamos, culpamos a otros, nos sentimos la fábrica de los males de nuestras vidas, tratando de separar inútilmente, lo que está mal.  Cuando admitimos nuestra impotencia y la imposibilidad de manejar nuestras vidas, en el Paso Uno, abrimos la puerta a la recuperación del dolor de nuestras acciones destructivas. Cuando admitimos la impotencia, dimos el primer paso para salir de la falta de ayuda y desesperanza. En este momento, humildes y abiertos, estamos listos para embarcarnos en el Segundo Paso.

 

 

  1. Llegamos a creer que un Poder Superior a nosotros podría devolvernos el Sano Juicio.

 

La comprensión que la vida se nos ha convertido en ingobernable nos ha traído al  Paso Dos. ¿De qué forma hemos perdido nuestro sano juicio? Cuando examinamos nuestra vida con honestidad, encontramos que hemos repetido las mismas conductas irracionales una y otra vez, esperando resultados diferentes. Hemos gastado dinero que no teníamos. Alternamos entre el pánico y la negación, pretendiendo que no importaba que no pudiéramos pagar las cuentas. Cuanto más debíamos a algunas personas, más las evitábamos y mayor era el resentimiento hacia ellas, que han tratado tan duramente de ayudarnos. Hemos perdido el sueño por las preocupaciones y apenas funcionamos durante el día. Sin duda no estábamos actuando sanamente.

Quizás el origen de nuestra insania sea la creencia que somos todopoderosos. Un sentido inflado de auto-suficiencia nos ha llevado a generar un esquema de grandiosidad. Creímos que no debíamos obedecer las mismas reglas que los otros seres humanos. Estábamos exentos, éramos únicos, éramos especiales.

¡Seguramente nuestra inteligencia y nuestra determinación podrían conjurar una salida!

Sin embargo, nuestro proceder no nos ha conducido a ningún lugar excepto a mayor deuda. Algunos de nosotros encontramos dificultoso aceptar la creencia en un Poder Superior. Lógicamente no podíamos aceptar el concepto tradicional religioso de Dios. La confianza en nuestro intelecto nos ha levantado una barrera de indecisión al respecto. En las reuniones de Deudores Anónimos aprendimos que no se requiere ninguna doctrina específica.

Encontramos que podemos elegir creer de acuerdo con nuestra lógica y razón. Para algunos, comenzar a creer significa acercarse a un poder superior que no ha funcionado para nosotros. Nuestro desafío fue desvanecer al dios implacable de nuestra religión de la niñez, e invitar a un nuevo dios a nuestras vidas, el que nos ama incondicionalmente así como somos.

Otros descubrimos que acarreamos una creencia inconsciente en un dios que parece cuidar más de ideales abstractos como el amor y el perdón, que de las dolorosas realidades del dinero y las tarjetas de crédito. Tuvimos que encontrar un camino espiritual que funcionara para nosotros.

Con el apoyo de otros miembros de DA, nuestro padrino /madrina, y la literatura de Da, dimos a nuestro corazón y alma la libertad para crear un nuevo concepto de poder espiritual. Algunos de nosotros encontramos en la veneración del compañerismo de DA a nuestro Poder Superior.

Muchos de nosotros encontramos nuestra Fuente en la naturaleza. Para otros, el Poder Superior es una fuerza externa, para otros es una fuerza que reside dentro de cada uno. En cualquier caso, sea cual fuera nuestro concepto de Poder Superior, Él tiene el poder de hacer por nosotros lo que no podemos nosotros mismos: dejar la obsesión por la deuda.

Necesitamos una creencia en un Poder mayor que nosotros mismos.

Nuestra visión de un Poder Superior no necesita ser perfecta o completa en orden a cumplir con este Paso. En el comienzo, teníamos más preguntas que respuestas, el Dios de nuestro entendimiento parecía ser frustrantemente distante. De hecho, muchos de nosotros encontramos  la  mano de un Poder Superior por primera vez cuando llegamos a la más profunda obscuridad de nuestra desesperación.

Muchos comenzamos a creer en un proceso que evoluciona y se profundiza con el tiempo. Aprendimos que crear una conexión con el Poder Superior requiere de un esfuerzo diario. Gradualmente un sentido de confianza y conexión con el PS se cristalizaba como un puente hacia un nuevo amanecer espiritual.

Sentimos alivio, sentimos paz. Empezamos a ver como el PS de nuestro entendimiento podía sanar nuestras vidas alteradas. Sintiendo más coraje y fortaleza por esta nueva relación con el PS, mayor a nosotros mismos, estamos listos para comenzar el Tercer Paso.

 

  1. Decidimos poner nuestras voluntades y nuestras vidas al cuidado de Dios, como nosotros lo concebimos.

 

Tomamos la decisión de entregar nuestras vidas y nuestra voluntad al cuidado de Dios como nosotros lo entendemos.

En el 3er.  Paso, hacemos una elección consciente, para permitir a nuestro PS manejar nuestras vidas, ya que no confiamos en nuestro propio desorden como guía. Nosotros sospechábamos que nuestra voluntad, en el mejor de los casos era un piloto no confiable, y en el peor de los casos algo que realmente podría destruir nuestras vidas contra las rocas de las deudas, el derroche y ganar poco dinero. Los miembros de DA que han recorrido el camino antes que nosotros, nos han dicho que nuestro pasar será más sereno si dejamos que nuestro PS nos guíe. Para comenzar, todo lo que debemos hacer es tomar la decisión. Cuando nos demos cuenta que nuestra mente quiere retroceder, debemos una vez más tomar esta decisión, tan frecuentemente como sea necesario.

Muchos de nosotros dudamos. Parece peligroso dejar nuestra voluntad en una especie de control externo. Pensamos que nuestra voluntad somos nosotros mismos, si resignamos nuestra voluntad, ¿desapareceremos en la nada? Hemos tenido largas deliberaciones sobre el tema del control de nuestras vidas, pensando que si sólo lo dejamos por un momento, todo nuestro mundo puede estrellarse de repente. Podemos temer el tener que abandonar a nuestros más preciados deseos y esperanzas, a las secretas visiones que nos dan la razón por la cual vivir en medio de nuestra enfermedad. No nos habíamos dado cuenta que nuestra fuerza de voluntad podría llevarnos tan lejos de nuestros sueños y esperanzas.

Abandonar la voluntad no es fácil. Pero tomando este Paso, muchos sentimos un gran alivio al no tener que resolver nuestros propios problemas.

Luchar contra nuestras dificultades había acabado con nuestro último gramo de resistencia. Escuchar a otros miembros hablar sobre el cambio en sus vidas, al estar al cuidado de su PS, y viendo cómo sus situaciones fueron gradualmente mejorando, fue inspirador para que podamos tomar confianza. Cuando convertimos nuestras vidas sobre la base de un PS, con la profundidad de lo que podemos, la sanidad y la esperanza retornan.

Algunos de nosotros tenemos un entendimiento de Dios, según el cual nos sentimos cómodos, haciendo que la decisión de confiar en el PS  tenga perfectamente sentido. Como sea, otros, no teniendo una idea definida de Dios, hemos tomado la decisión, de entregar nuestra voluntad y nuestra vida al cuidado de un Dios que no comprendemos del todo. Hemos llegado a confiar que nuestro entendimiento crecerá a medida que avanzamos en los pasos hacia nuestra recuperación.

Para algunos, nuestras historias hacen difícil confiarnos al cuidado de un PS. Consideramos a Dios indiferente a nuestro destino o siempre enojado y castigando. Nuestro secreto temor fue que ese Dios no quisiera cuidarnos. Porque no somos merecedores. Creíamos que no necesitábamos cuidado, al menos no del Creador. El Tercer Paso y la experiencia de otros miembros de DA, nos aseguran que Dios en quien confiamos nuestra voluntad y nuestra vida es uno en el cual podemos confiar.

Gradualmente, un día a la vez, invitamos a nuestro PS a caminar con nosotros en todas las áreas de nuestras vidas y a pavimentar los caminos hacia una nueva auto-aceptación. El abandono de nuestra voluntad en manos de nuestro PS fue en el conocimiento de que había poco que controlábamos en nuestra vida, que necesitábamos la asistencia de un poder que hiciera por nosotros lo que nosotros mismos no podíamos. Al principio, dejar nuestras vidas al cuidado de Dios, significaba abandonar nuestra compulsión a usar tarjetas de crédito o a escribir cheques sin fondos. Con el tiempo, a medida que trabajábamos en el programa de DA, encontramos que Dios quiere todo de nosotros, no sólo una parte: no sólo las tarjetas de crédito, sino nuestras esperanzas, nuestros temores, nuestras relaciones, nuestra enfermedad, nuestro futuro. Así como nuestra Fe creció, así lo hizo nuestra predisposición para rendir todo.

Un día a la vez, hemos estado dispuestos a aceptar la dirección divina, estamos entonces preparados para el Paso cuarto.

 

  1. Sin miedo hicimos un minucioso inventario moral de nosotros mismos.

 

En este Paso comenzamos a asumir la responsabilidad por nuestras acciones. A menudo, señalamos a otros como los responsables a nuestros problemas, ahora lo enfocamos hacia nosotros mismos. Con la ayuda y la guía de nuestro padrino y otros miembros de DA, comenzamos a ver patrones en el proceso que nos llevaron hacia donde estamos hoy.

Primero, nos faltó coraje cuando consideramos hacer un honesto examen de nosotros mismos. Tuvimos pavor de exponer nuestras faltas a la verdad. Pero el inventario del Paso Cuarto no es un ejercicio de auto-crítica. Es un balance de nuestras cuentas, es una lista de nuestras habilidades y de nuestras responsabilidades.

Ninguna cura puede ser efectiva sin un diagnóstico basado en un cuidadoso examen. Hallamos que con honestidad es la mejor manera de actuar, desistimos de los impulsos de la justificación, la exageración o la excusa. Hallamos que nuestras responsabilidades pueden ser también nuestros aspectos positivos.

Cuando miramos atrás en nuestras vidas, sentimos resentimiento hacia las personas que nos han causado dolor. Como sea, en cada caso debemos examinar la situación cuidadosamente, vemos como también hemos tenido algo ver, quizás simplemente ofendiéndonos, cuando esa no era la intención de los otros. Además, cuando somos honestos y buscamos, como este Paso requiere, los defectos que más despreciamos en otros, son generalmente los que sufrimos nosotros mismos.

También vimos qué increíblemente creativos podemos ser, ¡entre el caos y la ruina que hemos dejado! Si la energía creativa pudiera encaminarse para trabajar para nuestra recuperación, ¿qué no podríamos conseguir?

Miramos hacia todo lo que hemos destruido, hacia lo que hemos perdido, miramos nuestra vida con ojos que ven lo que fue y lo que podría seguir siendo. Pasamos tiempo reflexionando, recordando, mirando hacia atrás, a través de la historia de nuestra deuda, como un detective buscando las claves de un intrincado misterio, y escribimos lo que encontramos.

Nos aseguramos de analizar nuestras conductas de compulsión al gasto y a los bajos ingresos. Vamos a describir nuestra propia vida, recordando nuestra falta de sano juicio y tomando nota de nuestros logros. Es una oportunidad para traer amablemente a la conciencia, la desesperación, las partes enfermas de nosotros que nos han llevado a caer en las deudas.

Recordando nuestras interacciones con el dinero y las deudas, no nos juzgamos, tampoco nos analizamos y tampoco ponemos excusas.  Simplemente escribimos una crónica de los hechos que pasaron, qué sentimos, y qué hemos hecho.

Se nos pide tomar acción, pero no es necesario ejecutar perfectamente el Paso Cuarto. Sólo se pide que sea detallado, generalmente con la ayuda de un padrino. De los métodos que usamos, está el de la columna, tal como está en el “Libro Grande” de Alcohólicos Anónimos. Otros escriben la historia de sus vidas.

Si nos paraliza el terror, en el miedo de quedar atrapados en un pasado que bien hemos olvidado, recordemos confiar en el cuidado del Poder Superior  mayor que nosotros mismos. Algunos encontramos que la única forma para liberarnos de las garras de nuestro temor, es actuar cómo si no tuviéramos miedo.

Hecho con integridad, el Cuarto Paso tiene el poder de transformar nuestras vidas. Pocos de nosotros han completado el Cuarto y Quinto Paso sin experimentar alivio. Conociéndonos a nosotros mismos, con nuestras rarezas y manías, nos liberamos de la vaguedad y la negación, y obtenemos el coraje para enfrentar el Quinto Paso.

  

  1. Admitimos ante Dios, ante nosotros mismos y ante otro ser humano, la naturaleza exacta de nuestros defectos.

Practicamos el espíritu del Paso Quinto cada vez que compartimos en una reunión de DA. En las reuniones nos sentimos lo suficientemente seguros para dejar de seguir ocultándonos por nuestros temores y vergüenzas y dejar que otras personas vean nuestras humanas imperfecciones.

Un formal Paso Quinto significa compartir el proceso más profundamente, completar el trabajo comenzado en el paso anterior.    

Encontramos que es lo mejor comenzar este paso apenas terminemos el Cuarto, para  desembarazarnos de las poderosas emociones y pesares que nos han conmovido al escribir nuestro inventario. El Paso Quinto parece formidable, pero en realidad, una vez completo el Cuarto, descubrimos que ya nos hemos enfrentado a nuestro peor crítico: nosotros mismos.

Como este Paso es tan crítico, debemos elegir con cuidado a la persona ante quien admitimos nuestros defectos. Generalmente elegimos un padrino, un miembro de DA con mayor experiencia en el programa, un miembro del clero, o un profesional quien puede escuchar cuidadosamente sin juzgarnos, ofreciendo ayuda y aceptación.

Encontramos útil, esperar un tiempo para admitir nuestros defectos a nosotros mismos y a Dios. Entonces arreglamos una reunión con otra persona para completar el Paso. Es sorprendente cuán fuertemente nos echamos atrás al tener que admitir nuestros defectos. Después de todo nuestras peores acciones y actitudes eran bien conocidas por aquellos que nos trataban y ciertamente por Dios. Debimos tener la esperanza que si no apuntábamos nuestras flaquezas, ningún otro podría hacerlo. Como sea, la ruina de nuestras vidas probaba por otro lado que somos nosotros mismos los únicos engañados.

Este Paso nos ofrece la oportunidad de dejar de engañarnos a nosotros mismos, de escuchar a nuestra conciencia y nuestra mente con la voz alta, que es lo que nos dice. Exponiéndonos a nosotros mismos, con toda delicadeza, ante Dios y ante otro ser humano, nos aliviamos del sufrimiento de nuestras culpas y aislamiento. Confiamos que esta persona tendría la sabiduría de darse cuenta que fallamos por ser simplemente humanos.

Al soltar las cadenas de nuestros corazones, nos abrimos al poder curativo de la verdad. Rompimos nuestro aislamiento y comenzamos a construir el puente a la auto-curación y a la transformación que nos ofrecen los Pasos Sexto y Séptimo.

 

  1. Estuvimos enteramente dispuestos a dejar que Dios nos liberase de nuestros defectos.

Este Paso nos ofrece uno de los mayores regalos espirituales del programa: el cambio. No importa qué descubrimos acerca de nosotros mismos en los Pasos anteriores, el cambio es posible. No estamos condenados a vivir una vida envenenada por nuestra enfermedad. Un Poder Superior a nosotros mismos puede sacarnos el temor, la deshonestidad, la auto-obsesión y nuestro deseo de incurrir en deuda. Los Pasos Cuarto y Quinto nos han mostrado claramente nuestros defectos y sus efectos en nuestras vidas y en nuestras relaciones. Comenzamos a entender que nuestros defectos de carácter no nos han servido, de hecho fueron obstáculos para lograr experimentar en su plenitud la riqueza de la Vida. Muchos llegamos a DA creyendo que nada podría cambiarnos.

¿Cuántas veces hemos tratado a través del soborno, la manipulación o la obstinación, de abstenernos de endeudarnos? ¿Cuántas veces hemos fallado? El Paso Sexto nos ofrece una solución espiritual a este dilema. No podemos cambiarnos a nosotros mismos, pero un poder superior a nosotros, sí puede. Podemos recuperar esa espiritualidad que proviene de haber nacido de una querida creación de nuestro Poder Superior. Este fue realmente un milagro, y trabajando este Paso comenzamos a estar listos para que eso suceda. La acción que requiere este Paso es cambiar nuestra actitud. El Paso Sexto nos pide que estemos dispuestos a dejar nuestros defectos de carácter. Comenzamos a estar dispuestos, a través de la oración, la meditación y hablando con otros miembros de DA. La disposición fue la clave de nuestra cura, sin ella nuestro corazón estaba bloqueado al regalo de la transformación. Nuestro cambio a un corazón abierto hacia un Poder que hiciera lo que nosotros no pudimos. Simplemente le dijimos a nuestro Poder Superior que estábamos listos y dispuestos para eliminar todos nuestros defectos de carácter que descubrimos en el Paso Cuarto. Al crecer en este entendimiento, descubrimos que estábamos listos para que Dios nos transformara. Ya estamos listos para el Paso Séptimo.

  

  1. Humildemente le pedimos que nos liberase de nuestros defectos.

En el Paso Séptimo le pedimos a un Poder superior a nosotros que haga lo que no pudimos, aliviarnos de nuestras faltas. Le pedimos a Dios, no eliminar las consecuencias de nuestros actos, sino la causa: nuestros defectos de carácter. El perdón que habíamos experimentado en los pasos previos fue encontrado en la palabra defectos, la que sugiere rasgos y acciones que han causado que decayéramos de nuestras mejores intenciones.

Nuestra nueva humildad nos permite reconocer que nuestros defectos de carácter nos han llevado lejos de lo que debíamos ser. El Paso Séptimo fue una oración, un ofrecimiento a Dios con nuestra más elevada intención, un profundo sentimiento de que no queríamos otra cosa que estar en el camino de servir a nuestro Poder Superior.

Humildad no quiere decir que nos avergoncemos de nosotros. Cuando nos consideramos como lo peor de lo peor, a nuestras faltas mayores que las de cualquier otro, al fin aprendimos que esto no es sino otra forma de grandiosidad. Humildad significa que somos simplemente humanos, ni más ni menos defectuosos que cualquier persona que encontremos, una píldora difícil de tragar para quienes tendemos a oscilar salvajemente entre la arrogancia y la auto-condenación. Volvernos humildes ante Dios nos dio una perspectiva más equilibrada de nuestro lugar en el Universo. Paradójicamente, la humildad nos ha hecho íntegros.

En el Paso Séptimo aprendimos que los defectos son nuestros, de nadie más. Porque las faltas son nuestras, somos nosotros quienes debemos pedir que se eliminen.

Todo lo que debemos hacer es pedir, del resto se encarga Dios.

Habiendo obtenido una nueva perspectiva y una nueva libertad, estamos preparados para el Paso Octavo.

  

  1. Hicimos una lista de todas aquellas personas a quienes habíamos ofendido y estuvimos dispuestos a reparar el daño que les causamos.

En el Paso Octavo tomamos la acción de curar las heridas causadas a nuestras relaciones a través de la práctica de nuestra adicción. Los Pasos Octavo y Noveno ofrecen la oportunidad de reparar el dolor que hemos causado en otros y en nosotros mismos, lo cual nos permitirá un nuevo comienzo.

La lista de personas a las que hemos perjudicado comienza con aquellos que hemos identificado en el inventario del Cuarto Paso. A menudo nos habíamos vengado de aquellos que nos habían herido. Al principio nos indignaba que tuviéramos que hacerles enmiendas a aquellos que aún no nos habían reparado de sus ofensas. En DA aprendimos que si queremos librarnos de nuestra deuda compulsiva, debemos tomar la responsabilidad por nuestra parte, no importa lo que hagan los otros.

Incluimos en la lista a cada persona a quien afectamos con nuestra enfermedad, financiera, emocional o espiritualmente. La lista incluye generalmente miembros de nuestra familia, amigos, empleadores e instituciones, especialmente a quienes les debemos dinero o les robamos. Porque nuestras acciones nos han causado un grave perjuicio, ponemos nuestro nombre en la lista. Algunas enmiendas sentimos que podemos encararlas inmediatamente. Otras nos parece que nos tomará algún tiempo, y otras sentimos que necesitaremos la ayuda de nuestro Poder Superior a fin de estar dispuestos a llevarlas a cabo.

La primera parte de este Paso requiere que sólo hagamos la lista de todos a quienes perjudicamos.

La segunda parte reconoce que la oración, la meditación y la experiencia en el programa son necesarias para estar dispuestos a hacer las reparaciones a cada persona en la lista.

No es necesario saber cómo haremos las enmiendas, a fin de completar este Paso, todo lo que se requiere es estar dispuesto. A medida que continuamos trabajando el programa de DA, despertamos un día encontrándonos finalmente que contábamos con la disposición necesaria.

Armados con una nueva resolución, estamos listos para el Paso Noveno.

 

  1. Reparamos directamente a cuantos nos fue posible el daño causado, excepto cuando el hacerlo implicaba perjuicio para ellos o para otros.

 

El Paso Noveno parece abrumador al comenzarlo. Requiere que con humildad, reconozcamos abierta y honestamente el efecto de nuestras acciones en aquellos a quienes perjudicamos. No es suficiente el mencionarlo a nuestro padrino. No podemos detenernos con admitirlo ante Dios.

Debemos estar dispuestos y capaces de responsabilizarnos por nuestra parte, sin acusaciones, discusión, resentimientos o auto-justificación. Esto requiere de gran coraje y una preparación a través de la oración, la meditación y el trabajo con nuestro padrino.

Debemos alejar cualquier expectativa respecto al resultado de nuestras enmiendas. No importa cómo la otra persona recibe nuestra reparación o si nos perdona. Lo que importa es hacer  la restitución del daño cometido. Hacemos las enmiendas a fin de poder vivir una vida feliz, libre de culpas, vergüenza o remordimientos. Hacemos las enmiendas, no porque necesitemos asegurar el bienestar de otros, sino porque nuestra recuperación depende de ello. Nuestro objetivo es corregir las cosas que hicimos mal. Sólo actuando así, seremos capaces de experimentar las promesas del programa de DA.

Este Paso aconseja discreción. Las enmiendas nunca deben ser hechas de modo que causen un mayor daño a la persona o dañen a otros. Por ejemplo, no debemos manipular a otros para ser perdonados. No debemos presionarlos si ello causa un dolor evidente al otro. No debemos comprar paz de mente a costa de otros. Consultamos con nuestro padrino y otros miembros de DA, examinando nuestros motivos y determinando el mejor momento y manera para hacer cada enmienda.

Cuando llegamos a DA, muchos quisimos hacer  inmediatamente reparaciones financieras, ignorando los primeros ocho Pasos. Nuestro padrino y el Grupo de Alivio nos ayudaron a ver la importancia de tener cuidado de nuestras necesidades en primer lugar, hasta estar seguros de nuestra abstinencia de incurrir en nuevas deudas no-garantizadas. Sólo entonces, con su guía formulamos y emprendemos un Plan de Pagos. Con el tiempo, seremos capaces de hacer enmiendas financieras y pagar nuestra deuda totalmente.

Nunca es demasiado pronto, sin embargo, para comenzar a hacer enmiendas a nuestra forma de vida, cambiando nuestro comportamiento actual. No importa cuán dolorosa puede haberse vuelto una relación, al enmendar nuestras acciones, raramente se falla -con el tiempo- en la cura  de viejas heridas. Nuevas acciones van mucho más allá que las palabras, para convencer a otro que estamos seriamente cambiando de vida.

En este punto, si hemos atravesado el trabajo de estos Pasos, muchos nos damos cuenta que nuestras vidas han sufrido una transformación, que un cambio ha tenido lugar dentro nuestro, prácticamente sin darnos cuenta conscientemente. Nuestros pensamientos, actitudes y comportamientos señalan una nueva forma de vivir en el mundo, no sólo en las finanzas, sino en todas las áreas de nuestra vida. Nos encontramos dispuestos cada vez más a responsabilizarnos por nuestras acciones.

Sin darnos cuenta, ya estamos preparados para el Paso Décimo.

 

  

  1. Continuamos haciendo nuestro inventario personal y cuando nos equivocábamos lo admitíamos inmediatamente.

Una vez que aclaramos la ruina de nuestro pasado, el Paso Décimo nos recuerda seguir usando las herramientas de los Pasos Cuarto a Noveno, a fin de mantener nuestro bienestar emocional y espiritual. Muchos miembros de DA realizan este examen diariamente, a veces como una revisión previa a ir a dormir. Otros continúan con la oración y la meditación en horas de la mañana. Trabajando el Paso Décimo, seguimos buscando temores, egoísmos, deshonestidad, resentimientos y otros pensamientos y conductas que nos han causado dificultades.

Miramos atrás el día, y analizamos nuestras faltas y nuestros éxitos. Si cometemos un error o dañamos a alguien, ¿debemos una disculpa o debemos una enmienda? ¿Albergamos resentimientos? Hablamos con nuestro padrino y otros miembros de DA, sobre cualquier tema que nos preocupe, quienes nos ayudarán a ver una nueva forma y mejores caminos para manejar nuestros problemas. Pedimos la ayuda de Dios para modificar nuestra conducta.

En este camino practicamos la humildad, la honestidad, y el respeto por los otros. Reconociendo inmediatamente nuestros errores, no acumulamos resentimientos o culpas que pueden alimentar nuestros temores y llevarnos a las conductas compulsivas.

En DA, muchos aprendimos a llevar un inventario espiritual como el financiero. ¿Estamos registrando nuestros gastos? ¿Está nuestro gasto previsto en el Plan? ¿Hicimos progresos con nuestro Plan de Acción? Si no, pedimos ayuda de nuestro Poder Superior. El Paso Décimo nos alienta a mantener en forma una condición espiritual que nos ayude a sostener el sano juicio recuperado en nuestras vidas.

Cuando nuestra casa emocional y financiera esté en orden, estamos preparados para recibir la guía divina al Paso Undécimo.

 

 

  1. Buscamos a través de la oración y la meditación mejorar nuestro contacto consciente con Dios, como nosotros lo concebimos, pidiéndole solamente que nos dejase conocer su voluntad para con nosotros y nos diese la fortaleza para cumplirla.

La oración y la meditación son el fundamento de nuestras vidas en recuperación. En el Paso Undécimo buscamos un mayor contacto con Dios para encontrar la guía que conduzca nuestra vida por un nuevo camino.

A través de la oración y la meditación  aquietamos nuestras mentes y nuestras emociones. Nuestro pensamiento cambia. Nos volvemos más pacientes. A medida que dejamos el temor y las dudas atrás, nuestra vida adquiere un nuevo significado y hallamos diariamente satisfacción espiritual. Logramos una serenidad duradera.

No hay un único camino recomendado para lograr nuestro contacto con Dios como lo entendemos. La práctica espiritual que elijamos debe servirnos a cada uno. Hay muchos caminos hacia Dios. Lo que es esencial, es que continuemos entregando nuestra voluntad a nuestro Poder Superior regularmente. Encontramos a nuestra voluntad implacablemente obstinada, y sin un contacto espiritual constante, rápidamente volvemos a los pensamientos y acciones que nos han causado tanto dolor.

Cuando pedimos por la guía de Dios, procederemos con confianza. Cuando oramos por fortaleza para cumplir la voluntad de Él, descubrimos con sorpresa que nuestros pensamientos y acciones han cambiado. Nos asombramos de nuestro coraje y serenidad. Nos damos cuenta que no fue con nuestro propio poder, sino que un Poder Superior estaba trabajando a través nuestro.

  

  1. Habiendo obtenido un despertar espiritual como resultado de estos pasos, tratamos de llevar el mensaje a los deudores compulsivos y de practicar estos principios en todos nuestros asuntos.

 

Cuando llegamos al Duodécimo Paso, la mayoría estábamos experimentando la felicidad de los logros producidos al trabajar los pasos.

Nuestra alegría y abundancia fue en aumento. Así como continuamos trabajando los pasos y recuperándonos, nos volvimos más prósperos en todas las áreas de nuestras vidas: mental, emocional, física, material y espiritualmente. La vida parece correr sobre rieles.

Nos conectamos con la gente más fácilmente. Nuestros temores y ansiedades acerca del dinero han cesado. Sin embargo, la promesa del Paso Duodécimo, el resultado de trabajar los pasos, es la de un despertar espiritual.

Hemos comprendido, a través del proceso de trabajar los Pasos, que Dios era la solución para todos los problemas que encontráramos, para cada compulsión que practicáramos, para cada obsesión de la que buscáramos huir. El dinero no era el problema, la gente no tenía la culpa. Lo que nos faltaba todo el tiempo, lo que hemos tratado desesperadamente una y otra vez, es de llenar con nuestra deuda compulsiva, el enorme agujero vacío en el centro de nuestra alma.

Ese vacío que sólo nuestro Poder Superior puede llenar. Dios siempre está allí para nosotros, pero hasta que no reconocemos nuestra impotencia, hasta que no limpiamos nuestra casa, y no pedimos por la dirección divina, aún no estamos listos para recibir las promesas. Trabajando los doce pasos aprendimos cómo pedir desde nuestro corazón, descubrimos nuestro lado correcto, y entonces estuvimos listos para recibir el preciado regalo de la serenidad.

El compañero de la serenidad es gratitud. Como experimentamos las recompensas del programa, nuestra gratitud nos inspira a pasar a otros los regalos que nos han sido otorgados. Como una forma de devolver al programa que literalmente salvó nuestras vidas, es que hacemos servicio: personal, en reuniones, en Intergrupos o en el Servicio Mundial. Llevando el mensaje a otros enriquecemos nuestras vidas. Muchas veces encontramos que nuestra propia desesperanza fue vencida al levantar el teléfono para contestar una llamada de un sufrido compañero de DA. Algunas veces las palabras que necesitamos escuchar, fueron dichas por nuestros propios labios. Ayudando a otros, nos ayudamos. Cuando ponemos menos el foco en nuestros problemas, comenzamos la experiencia de la satisfacción del compañerismo.

Cuando vemos el sufrimiento que las conductas compulsivas causan en las vidas de otros, vemos que la gracia de Dios nos fue otorgada. Para mantener aquello que nos fue dado, continuamos trabajando el programa, los doce pasos, tanto como nuestra condición espiritual. Las viejas ideas han sido remplazadas por nuevos pensamientos de auto-aceptación. El cambio de valores y creencias se refleja en nuestras nuevas conductas: un testimonio viviente del poder de los Doce Pasos.

El Paso Duodécimo nos recuerda que los principios de este programa ofrecen una guía para vivir en un mundo lleno con otros seres humanos. Nos hemos apoyado con los Pasos y con la comunidad de DA para enfrentar los retos que de otra manera hubiera resultado muy dificultoso realizar, no nos han defraudado. Estas Doce simples herramientas para vivir lo han hecho posible cada día, no importando el reto, con gratitud y serenidad en nuestros corazones.

 

 

 

 

 

 

 

LOS DOCE PASOS DE DEUDORES ANÓNIMOS

  1. Admitimos que éramos impotentes ante la deuda, que nuestras vidas se habían vuelto ingobernables.
  2. Llegamos a creer que un Poder superior a nosotros mismos podría devolvernos el sano juicio.
  3. Decidimos poner nuestras voluntades y nuestras vidas al cuidado de Dios, como nosotros lo concebimos.
  4. Sin miedo hicimos un minucioso inventario moral de nosotros mismos.
  5. Admitimos ante Dios, ante nosotros mismos, y ante otro ser humano, la naturaleza exacta de nuestros defectos.
  6. Estuvimos enteramente dispuestos a dejar que Dios nos liberase de nuestros defectos.
  7. Humildemente le pedimos que nos liberase de nuestros defectos.
  8. Hicimos una lista de todas aquellas personas a quienes habíamos ofendido y estuvimos dispuestos a reparar el daño que les causamos.
  9. Reparamos directamente a cuantos nos fue posible el daño causado, excepto cuando el hacerlo implicaba perjuicio para ellos o para otros.
  10. Continuamos haciendo nuestro inventario personal y cuando nos equivocábamos lo admitíamos inmediatamente.
  11. Buscamos a través de la oración y la meditación mejorar nuestro contacto consciente con Dios, como nosotros lo concebimos, pidiéndole solamente que nos dejase conocer su voluntad para con nosotros y nos diese la fortaleza para cumplirla.
  12. Habiendo obtenido un despertar espiritual como resultado de estos pasos, tratamos de llevar el mensaje a los deudores compulsivos y de practicar estos principios en todos nuestros asuntos.