B-110 Libro 12 Pasos de DA

 

2º Borrador  …..   03 nov 2017

 

 

PRIMER PASO

Admitimos que éramos impotentes ante la deuda, que nuestras vidas se habían vuelto ingobernables.

Cuando llegamos a Deudores Anónimos, supimos que algo iba terriblemente mal en nuestras vidas. Podíamos estar cargando con numerosas deudas no garantizadas, con préstamos, tarjetas de crédito, o con atrasos en los impuestos; o en un estado de lucha continua para mantener al día los pagos de las facturas.  Muchos nos hemos encontrado en un proceso de desahucio, durante el proceso de ejecución de un juicio hipotecario u otros procedimientos legales.  A otros nos han devuelto cheques hasta que la suma total de los intereses ha superado con creces el importe de los cheques emitidos. Algunos  nos atemorizábamos al ver como nuestra espiral de deudas estaba fuera de control, mientras nos obsequiábamos con compras exageradas e incluso frívolas, mientras las facturas quedaban pendientes de pagar.  Algunos éramos auto empleados, autónomos,  descubriendo que tan solo con los préstamos cubríamos los costes de los negocios; o éramos propietarios de empresas con retrasos serios durante meses en el pago de los impuestos y de las nóminas. Algunos, en D.A., nunca habían usado préstamos o tarjetas de crédito, pero adquirieron deudas con préstamos estudiantiles o debían a médicos, abogados, amigos y familiares; o tenían muy poca deuda, pero se sentían atrapados en situaciones en las que nunca había dinero suficiente para cubrir las necesidades básicas.

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En todos los casos sabíamos exactamente lo que andaba mal:

“Tengo que pagar estas tarjetas de crédito. Entonces estaré bien.”

“Mi historial de crédito está sin control. Solo tengo que reconstruirlo.”

“Si puedo lograr que la Agencia Tributaria (o mi cónyuge/pareja, o mi jefe, o mis acreedores) dejen de acosarme, entonces estaré bien.”

“Tengo que conseguir restablecer el servicio de teléfono (de la luz, el agua, el gas, internet, etc.)”

“Si consigo reducir los gastos, conseguiré salir adelante”

“Si pudiera aprender a ahorrar dinero, ya no necesitaría pedirlo prestado”

 

Luego está lo que muchos vimos como una panacea antes de llegar a DA:

            “Solo necesito ganar más dinero”

 

En realidad nos parece como si el problema estuviera afuera en lugar de estar dentro de nosotros. Creemos que cualquier persona en nuestra situación habría utilizado la deuda igual como lo hicimos nosotros: era culpa de la economía, de la mala suerte, de la crisis o de un momento de necesidad. Pensábamos que algo nos faltaba: más disciplina, experiencia financiera o más habilidad en las matemáticas. Si pudiéramos aprender estas cosas, podríamos manejar nuestro dinero igual que las otras personas. Nos hemos declarado en bancarrota, convencidos que podríamos volver a empezar tras una racha de mala suerte. Luego, haciendo borrón y cuenta nueva, empezaríamos de nuevo. O refinanciamos la hipoteca de nuestros hogares para acabar con las deudas. Esta vez  las cosas serian diferentes. Sin embargo, los que hemos adquirido nuevos conocimientos, tal vez hemos conseguido vivir durante

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un tiempo de un presupuesto o de un plan confeccionado por una asesoría de crédito, pero pronto nos encontramos, una vez más,  volviendo a empezar y viviendo por encima de nuestras posibilidades. Entonces, ¿Cuál es nuestro problema?

La primera parte del Primer Paso nos habla de la verdadera naturaleza de lo que tenemos entre manos, somos impotentes ante la deuda. No era que necesitábamos entender mejor nuestro comportamiento sobre el endeudamiento compulsivo, encontrar una forma más inteligente de administrar nuestro dinero, tener el control sobre nuestros gastos, aplicar ciertas reglas sobre un endeudamiento inteligente, o incluso ganar más dinero. Hay muchas personas que pueden mejorar sus vidas al hacer esto; pero para nosotros, estos métodos no fueron suficientes. A diferencia de la mayoría de la gente, en DA, nos encontramos en las garras de una enfermedad crónica y progresiva: el endeudamiento compulsivo.

¿Qué significa ser un deudor compulsivo? Esto significa que nuestro comportamiento con la deuda se caracteriza por la compulsión de consumir -la necesidad imperiosa de involucrarse en ciertos comportamientos que, aunque pueden proporcionar una sensación de triunfo, satisfacción o seguridad a corto plazo, al final causan dolor e ingobernabilidad en nuestras vidas y en las vidas de los que nos rodean. Durante nuestra compulsión activa, creemos realmente que con la compra de un determinado artículo nos hará sentir valiosos y nos dará la felicidad. Estamos convencidos de que debemos emitir cheques, existan o no fondos suficientes en nuestra cuenta corriente, para pagar las facturas. Creemos que, a pesar de repetir unos comportamientos que nos causaron problemas financieros y emocionales, de alguna manera pensamos que esta vez todo será diferente, o simplemente cerramos los ojos y gastamos.

La impotencia ante la deuda se manifiesta en patrones muy variados. Algunos usamos compulsivamente las tarjetas de crédito para realizar compras incluso teniendo el dinero para pagarlas. Algunos

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cogemos compulsivamente fondos no garantizados para llegar a final de mes,  ya sea a través de préstamos con instituciones o préstamos personales con la familia o amigos. Algunos no podemos parar de hacer compras impulsivas usando compulsivamente las tarjetas de crédito o comprando regalos para nosotros mismos y para los demás, sin pensar en la forma y el momento de pagarlos. Algunos quedamos atrapados en situaciones en las que nunca fuimos retribuidos adecuadamente por nuestro trabajo e íbamos crónicamente retrasados en la compra de artículos de primera necesidad y en el pago de las facturas. En algunos casos, vivíamos como mendigos negándonos a gastar el poco dinero que disponíamos porque temíamos que una catástrofe podía acabar finalmente con nosotros. En todos los casos, el resultado de nuestros comportamientos con la deuda compulsiva en nuestra vida nos lleva a la preocupación, a la pena y a la vergüenza.

            En Deudores Anónimos aprendimos que, para nosotros, la base de nuestra recuperación era detener el incurrir en deudas no aseguradas un día a la vez –pase lo que pase.  Para algunos es fácil, mientras que para otros les resulta completamente imposible. En D.A. aprendimos que si se puede. Sin embargo, la compulsión de vivir por encima de nuestras posibilidades era muy fuerte, y tuvimos que admitir que éramos impotentes ante la enfermedad del endeudamiento compulsivo para comenzar a recuperarnos. Era irrelevante la cantidad de deudas que acumulábamos, que teníamos o debíamos; lo que importaba era la compulsión y nuestra incapacidad de superarlo solos.

            Este último punto requiere de más atención. Muchos llegamos a D.A. convencidos de que si tuviéramos más dinero, no tendríamos deudas o que podríamos cumplir con los pagos sin dificultad. Si tuviéramos más dinero estaríamos bien. La experiencia en D.A. nos mostró que esta creencia seductora simplemente no era para nosotros. Mirando con honestidad nuestras propias historias, vimos que habíamos tenido

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repetidamente el mismo tipo de problemas financieros a lo largo de nuestra vida, independientemente de nuestro nivel de ingresos.

Si era nuestro primer trabajo con salario mínimo o el puesto deseado de nuestra profesión, nos comportábamos igual, y nuestras deudas seguían aumentando con el tiempo. En D.A. vimos miembros que tenían puestos de trabajo muy lucrativos y negocios rentables, no obstante, seguían atrapados en el ciclo de la deuda. Ante nuestra sorpresa, vimos también miembros con remuneraciones relativamente bajas e incluso ingresos fijos, que en algunos momentos, fueron prosperando con la recuperación en D.A. Fue vital para nosotros entender que el problema era la compulsión, no las circunstancias. Aunque a veces necesitamos aumentar nuestros ingresos, tener más dinero no resolverá nuestros problemas; solo el trabajo en la recuperación del endeudamiento compulsivo puede hacerlo.

Otra barrera para admitir nuestra impotencia, era la creencia de que una vez que entendamos el origen de nuestros comportamientos con la deuda, ya no nos sentiríamos atrapados. Sin embargo, a pesar de tener más claridad, acerca de dónde venimos, esto puede ser interesante y útil a la vez, pero insuficiente para alterar nuestro comportamiento con el endeudamiento compulsivo. La creencia de que consiguiendo más auto-conocimiento personal resolvería el problema, simplemente era otro modo de seguir intentando controlar el problema, en lugar de admitir nuestra impotencia y descontrol.

A medida que estamos más dispuestos a dejar de lado nuestras antiguas creencias, empezamos a ver más allá de nuestro grito de auxilio y nuestro deseo inmediato de control sobre nuestra situación. Nos dimos cuenta de que teníamos miedo. Nuestro miedo alimenta nuestra negación acerca de cómo vivíamos y sobre las consecuencias de nuestro comportamiento. Cuando finalmente nos liberamos de esa

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negación y nos enfrentamos a la verdad, aunque fuera doloroso, se nos reveló algo que nos faltaba: esperanza. Tal vez existía otro camino. Tal vez admitir impotencia fue el primer paso para salir del endeudamiento compulsivo, entrar en recuperación y sentirnos íntegros.

Esta impotencia significa: que a causa de nuestros comportamientos perjudiciales hacia nosotros mismos y hacia los demás con el endeudamiento compulsivo, progresivamente, empeoran con el tiempo. Una vez que hayamos admitido esta verdad difícil para nosotros, habremos empezado nuestro viaje de recuperación.

Pero, ¿Qué pasa con la segunda parte del Primer Paso: que nuestras vidas se habían vuelto ingobernables? Para la mayoría de nosotros, era la ingobernabilidad que nos trajo a DA, la lista de lo que iba mal en nuestras vidas, era cada vez más larga. Muchos nos sentimos estresados y desesperados en estas situaciones. Tal vez evitábamos contestar el teléfono por miedo al acoso de los acreedores por los créditos. Tal vez sentíamos vergüenza de tener que enfrentarnos a uno o más cheques devueltos. Puede que nos cortaran los suministros (la luz, el agua, etc.), o fuimos desalojados de nuestro hogar debido a los pagos atrasados. Tal vez hicimos daño a nuestras relaciones personales o de negocios  debido a nuestro endeudamiento compulsivo.

A medida que fuimos analizando la ingobernabilidad en nuestras vidas, nos dimos cuenta de cómo los patrones que teníamos profundamente arraigados, nos afectaron mucho más que a nuestro bienestar financiero. Nos dimos cuenta de que nuestro endeudamiento compulsivo y sus consecuencias rigen la forma de cómo nos relacionamos con el mundo en general; nuestra enfermedad se manifiesta en nuestras creencias limitadoras, en nuestra falta de confianza en nosotros y en la vida. Nuestra vaguedad y falta de claridad creó el caos en muchas áreas de nuestra vida. Algunos nos estancamos en un patrón de estar siempre por

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detrás, pareciendo nunca ponernos al día o ponernos al corriente. Vivíamos en un estado de reacción ante los acontecimientos. A la primera señal de un problema, tomábamos la solución rápida, lo cual eliminaba la posibilidad de una solución verdadera. Al final, el miedo tomaba el control, nosotros no. Nuestra experiencia sugerida es que el miedo egocéntrico es un elemento clave de nuestra enfermedad.

La realidad de la impotencia e ingobernabilidad puede ser dura de aceptar. Algunos rechazamos obstinadamente admitir que algo andaba mal en nosotros y seguíamos aferrándonos a una idea de que las circunstancias, otras personas, instituciones o alguna otra cosa, exterior a nosotros, tenía la culpa. A menudo nos rebelamos ante la idea de que habíamos perdido el control y tratábamos de explicar a los demás que éramos diferentes, la excepción que confirma la regla. Otros respondimos al primer paso con una cierta alegría: después de todo, si éramos impotentes, no éramos realmente responsables de nuestras acciones y sus consecuencias. Sin embargo, cuando nos sentábamos en las reuniones de D.A. y escuchábamos las historias de otros, vimos que no éramos tan diferentes. Podíamos identificarnos con muchas de las historias y situaciones, y supimos que de hecho pertenecíamos. Mirando alrededor en D.A., vimos que otros encontraron la recuperación viviendo los principios del programa. Mirando claramente en nuestras propias vidas y en la experiencia de los que se están recuperando del endeudamiento compulsivo, estuvimos dispuestos a hacer lo que ellos hicieron y aceptar la responsabilidad de nuestras acciones.

Con el tiempo y con ayuda, comenzamos a experimentar el Primer Paso de una manera diferente. Ya sea de forma gradual o de repente, dejamos de luchar contra la realidad de la impotencia e ingobernabilidad en nuestras vidas. La verdad es: que antes de llegar a DA, éramos impotentes ante la deuda, incapaces de liberarnos de la compulsión de vivir por encima de nuestras posibilidades. También era cierto que esta compulsión y sus consecuencias habían vuelto nuestras vidas

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ingobernables. Una vez pudimos admitir esto, nos rendimos a la negación y escuchamos en algún otro nivel, lo que ya sabíamos. A medida que crecimos en esta primera fase de la recuperación nos sorprendemos al admitir que solos no podíamos, sino que además, era bueno decirlo. Hemos dejado de decir: “Yo solo, puedo hacerlo” Fue un alivio descubrir la carga que nos suponía hacerlo todo por nosotros mismos y, repetidamente con el tiempo, recaer. Fue un alivio poder soltar todo el tiempo, energía, inteligencia y creatividad que consumió nuestra negación. Por fin, nos sentimos libres, de hecho, el primer paso fue el principio hacia la libertad.

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PASO DOS

 

Llegamos a creer que un Poder superior a nosotros mismos podría devolvernos el sano juicio.

En el Primer Paso, llegamos a aceptar la impotencia y la ingobernabilidad de nuestra situación. En cuanto nos llega al corazón, nos encontramos en una situación muy dolorosa. Admitimos que no podíamos manejar por nuestra cuenta la compulsión a endeudarnos y que nuestra fuerza de voluntad era insuficiente. ¿Entonces, hacia dónde dirigirnos?

El paso Dos nos dice: que al dirijirnos hacia un Poder Superior a nosotros, él nos podría restaurar el sano juicio. Parece una tarea difícil para nosotros. Algunos deciamos: “¿Creía que estaba en una reunión de Deudores Anónimos, pero esto parece entre un lugar de culto y un hospital psiquiátrico. Estoy aquí para parar de endeudarme. ¿Pero como me va ayudar un Poder Superior?”

No era inusual para los recién llegados resistirse a escuchar la palabra “sano juicio”, ante la sugerencia de que no estábamos mentalmente del todo bien antes de venir a D.A. La idea que tenemos de falta de sano juicio no coincidía con lo que veíamos en nuestras vidas, y rechazamos la idea de entrada. Ingobernabilidad es una cosa, pero ¿falta de sano juicio? ¿No es eso un poco dramático?

Nos ayudó recordar el papel que jugaban la impotencia y la ingobernabilidad en nuestras vidas: utilizando prestamos o tarjetas de crédito y usando nuestras reservas de efectivo para nuestra vida personal o de negocios; aceptando servicios que no podíamos pagar; escondiéndonos de nuestros acreedores no contestando el teléfono o no abriendo nuestra correspondencia; mintiendo a miembros de la familia, clientes y a otros sobre nuestra situación financiera verdadera; con la obsesión de nuestro historial de crédito cuando no deberíamos haber estado utilizando crédito de entrada. Habían comportamientos que demostraban los síntomas de nuestra enfermedad compulsiva: no obtener ni entender la información necesaria cuando firmamos contratos vinculantes para pedir préstamos o solicitar nuevas tarjetas de crédito; evitando pagar facturas, incluso cuando teníamos dinero para pagarlas; y seguir con clientes que nos explotan o manipulan en nuestros negocios. Otros síntomas que aparecieron a causa de nuestra deuda fueron secuelas físicas de no cuidar nuestra salud, inestabilidad emocional, y rupturas en nuestras relaciones personales. Teníamos que preguntarnos a nosotros mismos: ¿Era esto racional?

Algunos de nosotros, aquellos que en algún momento u otro habíamos conseguido vivir durante un tiempo dentro de nuestras posibilidades, continuamos diciendo. “No lo entendéis” decíamos. ” Yo podía controlar mi deuda cuando realmente lo intentaba. Era capaz de tomar buenas decisiones. Lo había conseguido en el pasado, seguro que lo puedo conseguir otra vez”. Sin embargo si éramos totalmente honestos, teniamos que preguntarnos a nosotros mismos, si podíamos controlar nuestra deuda compulsiva tan fácilmente, ¿por qué no lo habíamos conseguido? Si podiamos parar solos, seguro que lo hubiésemos hecho ya, teniendo en cuenta el dolor que la deuda causaba en nuestras vidas.

Cualquier cosa que pudo ser verdad, habíamos venido a D.A. porque nuestras vidas estaban fuera de control. Nuestra propia inteligencia no nos había salvado de nuestra compulsión a incurrir en deuda sin garantía. El Paso Uno lo había hecho evidente. Habíamos repetido el mismo ciclo, pensando que de alguna manera haríamos que la deuda funcionase para nosotros, y habíamos fallado. Aún y así seguíamos, con la misma antigua forma de pensar, las mismas conductas y obtenimamos los mismos resultados, en resumen, falta de sano juicio. Este es el motivo por el que necesitábamos ayuda y en Deudores Anónimos aprendimos dónde conseguirlo: en un Poder más grande que nosotros.

  • La lógica detrás de esto era clara: si nuestro propio poder era insuficiente para lidiar con la compulsión a vivir por encima de nuestras posibilidades, pues necesitábamos un Poder más grande. De todas maneras, muchos de nosotros éramos precavidos o escépticos sobre este tema. Los miembros hablaban sobre un Poder más grande que ellos mismos y se referían a la fe. Entonces, ¿era D.A. una organización religiosa? ¿Qué se esperaba de nosotros en este contexto? ¿Y si ya estábamos comprometidos con unas creencias religiosas, o habíamos dejado una religión sin ningún deseo de volver, o habíamos encontrado la religión questionable, o simplemente no nos ayudaba con nuestro problema con la deuda? ¿Podría funcionar D.A. para nosotros?

Encontramos que las respuestas a estas preguntas venían en el momento adecuado. Si éramos relativamente nuevos a la fraternidad de D.A. y los Pasos, necesitábamos mirar a nuestro alrededor y entender mejor el impacto del Paso Dos. Sí, algunos miembros de D.A. escogen utilizar palabras como ‘Dios’ y la mayoría habla de un ‘Poder Superior’ y ‘fe’. Esto no convierte de ninguna manera a D.A. en una religión. La lógica del Paso Dos era Simple: ¿Qué carecíamos? El Poder para parar de conseguir deuda sin garantía y encontrar recuperación. ¿Qué era lo que necesitábamos? Un Poder más grande que nosotros que pudiese traer sano juicio a nuestras vidas, para que no fuésemos conducidos por una compulsión a endeudarnos creado por nosotros mismos.

Este Poder Superior podía tener muchas formas. Una vez habíamos atendido durante un tiempo reuniones de D.A., empezamos a tener ganas de asistir y encontramos que después nos sentíamos aliviados. Aquellos que habían andado el camino de D.A. delante de nosotros encontraron la paz que nosotros deseábamos, nos inspiraban con sus historias sobre la deuda resuelta, relaciones restauradas, y visiones cumplidas. Incluso cuando algunos miembros tenían dificultades, parecían enfrentarlas con sano juicio, de forma serena, hablando de esperanza y gratitud. Con el paso del tiempo empezamos a apoyarnos en la fortaleza y sabiduría colectiva de la recuperación que encontramos en nuestros grupos de D.A. y ¿qué era eso sino un Poder más grande que nosotros que podía devolver el sano juicio a nuestras vidas?

Algunos de nosotros encontró que la Hermandad de D.A. como un todo era un Poder superior apropiado, mientras otros discubrían lo que estaban buscando en la sabiduría colectiva de los Pasos, las Herramientas y la literatura. Cuanto más tiempo pasábamos con el programa y sus principios, más nos dábamos cuenta que contenían no sólo el conocimiento y la sabiduría, pero una profunda compasión.

Otros buscamos fuera de D.A. un Poder superior a nosotros. Lo que descubrimos fue, que si éramos honestos, teníamos la mente abierta, y estábamos dispuestos, encontramos lo que estábamos buscando. Igual lo encontramos simplemente en la serenidad de nuestro lugar favorito en el exterior, o en la felicidad de ver nuestros hijos jugar, o en el amor que compartíamos con los seres más cercanos o en un momento de asombro ante el universo.

Algunos de nosotros decidimos utilizar el término Dios y asociar este Poder Superior con nuestros creencias religiosas. Esto, también era una buena alternativa. Si habíamos tenido experiencias positivas con Dios y una comunidad religiosa, encontramos que esto encajaba muy bien con el concepto de D.A. que un Poder más grande que nosotros podría devolvernos el sano juicio.

Algunas veces cuestionamos porque, a pesar de todas nuestra oraciones pidiendo ayuda y sanación, alivio de nuestra compulsión de endeudarnos no empezó hasta que llegamos a D.A. Cuando pudimos ser totalmente honestos con nosotros mismos, vimos que, a pesar de nuestras sinceras oraciones, le pedíamos a Dios que hiciese todo el trabajo mientras nosotros continuamos endeudandonos. D.A. nos daba un camino a seguir para que un Poder Superior nos pudiese enseñar ¡que teníamos trabajo por hacer! Y que empezaba con el Paso Uno.

Algunos de nosotros estábamos preocupados por la idea de un Poder superior, incluso después de familiarizarnos con las ideas expuestas aquí. Habíamos tenido experiencias extremadamente dolorosas con aquellos más poderosos que nosotros, y la última cosa que queríamos era poner nuestra fe en otro ser. Algunos de nosotros que nos encontramos en esta situación somos supervivientes de violencia o figuras abusivas de autoridad. Un Poder más grande que nosotros lo relacionamos con los seres humanos que nos habían causado tanto daño y dolor. Nuestro crecimiento en el Paso Dos fue lento y muchas veces titubeante. Teníamos que encontrar un nuevo nivel de confianza para experimentar D.A. como un lugar seguro. Con el tiempo, dando una oportunidad y confiando en un Poder más grande que nosotros, pudimos encontrar la misma sanción de la deuda compulsiva que otros habían encontrado. Nuestras experiencias dolorosas no habían puesto esto fuera de nuestro alcance.

Entre los miembros de Deudores Anónimos, algunos de nosotros llevamos dentro de nosotros una resistencia debt-specific a un Poder Superior. Aunque fuésemos criados con creencias religiosas o no, algunos de nosotros habíamos llegado a la conclusión que Dios y el dinero no se mezclaban. Igual era que distingíamos entre un reino material  y uno espiritual, poniendo el dinero en el primero y a Dios en el segundo. LLegamos a la conclusión que teníamos que operar sin la ayuda de Dios en asuntos materiales. Más de un miembro de D.A. ha observado, ‘Yo pensaba que mi Poder Superior tenía mejores cosas que hacer que preocuparse de mi deuda’ o ‘Estaba convencido que el dinero era demasiado básico para Dios’. Igual pensamos que daba igual cuando un Poder más grande que nosotros nos había ayudado en otras áreas de nuestras vidas, simplemente deberíamos poder manejar la deuda nosotros mismos. Si miramos hacia nuestras vidas, seguramente habíamos intentado convertir en nuestro Poder Superior a un contable, un abogado de impuestos, un consejero de crédito (gestor) o incluso un libro de como aliviar la deuda. Seguro que tenían las respuestas y podían resolver nuestro problema de deuda. Al final, se nos recordaba que la compulsión de vivir más allá de nuestras posibilidades no se trata de dinero, sino que se trata de la compulsión. El Paso Dos es un parte vital de la solución espiritual que nos ofrece una salida de una vida conducida por la compulsión a endeudarnos.

En 1930, un amigo dijo a uno de los co-fundadores de Alcohólicos Anónimos. ‘por qué no escoges tu propia concepción de Dios’(1), esta elección hizo su recuperación posible. Tomar este tipo de decisiones ha estado en la raíz de la recuperación para todo aquel que encuentra la libertad de la deuda sin garantía y una vida de sano juicio en D.A. Llegamos a decir, ‘Esto es lo que mi Poder Superior hace o dice o es, estas son las características de mi Dios’

Era esta idea, más que nada, la que nos abrió la puerta de par en par. Este no era el Dios de una religión o de ninguna religión, este Poder Superior no tenía que ser llamado Dios, no tenía que ser llamado nada. ¿Creíamos que no había ningún personaje sobrenatural como se describe en muchas religiones? Miembros veteranos de D.A. nos aseguran que muchos habían trabajado un programa de recuperación con éxito por escoger un Poder Superior que no era una deidad. ¿Habíamos abandonado la religión con la que habíamos crecido porque no creíamos en un Dios castigador? Habían aquellos en D.A. con la misma experiencia, y ellos habían escogido creer en un Poder Superior que era infinitamente compasivo, infaliblemente seguro y protector. ¿Creíamos ya en un Dios pero teníamos miedo que Dios no tenía tiempo para nuestra compulsión a endeduranos? Pudimos oír en las voces fuertes de aquellos recuperándose en D.A. que al escoger cambiar sus creencias les había traído sano juicio y paz.

Mientras continuamos nuestro programa de D.A. y trabajamos el Paso Dos como mejor podíamos, empezamos a experimentar ciertos beneficios. Estábamos creciendo en nuestra habilidad para pedir o dar ayuda, y cada vez que lo hacíamos, aprendíamos poco a poco que nuestras cargas son más ligeras cuando son compartidas. Aunque todavía no conocíamos la gran serenidad que veíamos en las caras de los miembros veteranos, teníamos cada vez más momentos de serenidad mental y emocional que no habíamos tenido en años. Dejamos ir de la necesidad de la gratificación inmediata, de la necesidad de tener algo ahora mismo, y en vez, escoger hablar con otro miembro de D.A. antes de tomar cualquier acción que pudiese afectar nuestra recuperación, esto nos salvó de decisiones conducidas por nuestra fuerza de voluntad de la que podríamos arrepentirnos más tarde. ¿por qué estaba pasando esto? Porque estábamos llegando a creer en un Poder más grande que nosotros que podía ciertamente restaurarnos el sano juicio. Para muchos de nosotros ‘llegar a creer’ probó ser un viaje estimulante de por vida y una aventura espiritual continua de recuperación.


SEGUNDO PASO

Llegamos a creer que un Poder superior a nosotros mismos podría devolvernos el sano juicio.

 

En el Primer Paso, llegamos a aceptar la impotencia y la ingobernabilidad de nuestra situación. Una vez llega a nuestro interior, nos liberamos del sufrimiento que nos causa. Habiendo admitido que no podíamos manejar la compulsión por la deuda por nuestra cuenta y que nuestra fuerza de voluntad fue insuficiente. ¿Entonces, como podemos invertir la situación?

El Segundo Paso nos dice: que el buscar a un Poder superior a nosotros mismos podría devolvernos el sano juicio. Eso parecía desconcertante. Algunos pensábamos así: “Creía que estaba en una reunión de Deudores Anónimos, pero se parece más a una secta o un hospital psiquiátrico. Estoy aquí para dejar de endeudarme. ¿Cómo es posible que un Poder Superior pueda ayudarme?”

No era de extrañar que los recién llegados se resistieran a escuchar las palabras “sano juicio”,  ante la sugerencia de que, antes de llegar a D.A., aun no estában listos para oírlas. Nuestra percepción de la locura no coincidía con la que veíamos en nuestras propias vidas rechazando la

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idea de soltar las riendas. Ingobernabilidad es una cosa, ¿pero, y la locura? ¿No es tan solo darle un poco más de dramatismo?

Nos ayuda recordar lo que provocó la impotencia e ingobernabilidad en nuestras vidas: usando préstamos y tarjetas de crédito, usando  nuestras reservas de efectivo personales o de negocios; aceptando servicios que no podíamos pagar; escondiéndonos de nuestros acreedores al no contestar al teléfono o dejando nuestro correo sin abrir; mintiendo a la familia, clientes u otras personas para que no supieran la realidad de nuestra situación financiera; con la obsesión por las calificaciones de crédito cuando no deberíamos haber estado utilizando crédito para empezar. Hay conductas que demuestran los síntomas de nuestra enfermedad compulsiva: cuando pedíamos préstamos y solicitábamos nuevas tarjetas de crédito no podíamos llegar a entender la información previa necesaria e indispensable al firmar los contratos vinculantes; evitando el pago de las facturas, incluso teniendo el dinero para pagarlas; y la celebración en clientes de explotación o manipulación en nuestros negocios; otros síntomas físicos de nuestro endeudamiento compulsivo aparecían  cuando descuidábamos nuestra salud, trayendo inestabilidad emocional y ruinas en nuestras relaciones. ¿era esto racional?

            Algunos de nosotros, los que lográbamos vivir dentro de nuestras posibilidades, en un momento u otro, seguíamos diciendo: “Tu no lo entiendes”. “Puedo controlar mis deudas cuando realmente me ponga en ello. Soy capaz de tomar buenas decisiones. Lo he logrado en el pasado; sin duda, puedo conseguirlo de nuevo.” Sin embargo, siendo  totalmente honestos, tuvimos que preguntarnos si podíamos controlar tan fácilmente nuestro endeudamiento compulsivo. Si pudiéramos parar por nuestra cuenta, lo habríamos logrado, seguramente, entregando el dolor que nos causó el endeudarnos en nuestras vidas.

Lo que ciertamente hace tiempo ya sabíamos, era: que llegamos a D.A. porque nuestras vidas estaban fuera de control.  Nuestro intelecto no pudo salvarnos de nuestra compulsión en incurrir en deudas no aseguradas. El Primer Paso, lo hizo evidente. Pensábamos que podríamos solucionar nuestras deudas nosotros mismos y no pudimos conseguirlo. Sin embargo, repitiendo los mismos comportamientos de siempre,

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obteníamos la misma locura, como resultado. Por esta razón necesitábamos ayuda, en Deudores Anónimos supimos que era el lugar donde podíamos conseguirlo: a través de un Poder Superior a nosotros mismos.

            Era lógico y evidente que: si nuestra propia fuerza de voluntad no fue suficiente para enfrentarnos a la compulsión de vivir por encima de nuestras posibilidades, entonces necesitábamos a otro ser superior a nosotros mismos. Sin embargo, muchos desconfiábamos o éramos escépticos al respecto. Los miembros hablaban de una fe en un Poder Superior a ellos mismos. Entonces, ¿D.A. era una organización religiosa? ¿Qué se espera de nosotros en este contexto? ¿Qué pasa si ya tenemos nuestras propias creencias religiosas, o hemos dejado algún culto religioso que no deseamos volver a practicar, o que la religión que habíamos encontrado era castigadora, o simplemente, nos puede ser útil con nuestro problema con las deudas? ¿D.A. puede trabajar para nosotros?

            Veíamos que las respuestas iban viniendo a su debido tiempo. Si todavía éramos bastante nuevos en la Comunidad de DA y en los Pasos, necesitábamos tiempo para observar a nuestro alrededor y comprender mejor la finalidad del Segundo Paso. Algunos miembros de D.A. optan por utilizar palabras como “Dios” y la mayoría habla de un “Poder Superior” y de “Fe”. D.A. no tiene ninguna religión y el Paso Dos es mucho más simple: ¿Qué nos falta? El Poder para detener el incurrir en deudas no garantizadas y para encontrar la recuperación. ¿Qué necesitámos? A un Poder Superior a nosotros mismos que nos devuelva el sano juicio en nuestras vidas y que nos elimine la compulsión a la deuda que habíamos acumulado.

Este Poder Superior puede adoptar muchas formas. Una vez que empezamos a asistir asiduamente durante un tiempo a DA, sentimos un gran alivio tras tener el deseo de seguir adelante. Los que nos precedieron en DA encontraron la paz que nosotros anhelabamos; nos inspiraron con sus historias, de como habían conseguido cancelar sus deudas, como recuperaron sus relaciones personales y como se hicieron realidad sus visiones. Incluso cuando se enfrentaban en el camino con dificultades,

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seguían persiguiendo sus sueños, metas y objetivos; sus visiones, de una manera sana, serena, con esperanza y gratitud. Con el tiempo empezamos a confiar en la energía colectiva y la sabiduría que encontramos en los grupos de DA ¿No era eso sino, un Poder Superior a nosotros mismos que podría devolvernos el sano juicio a nuestras vidas?

Algunos descubrieron que la Comunidad de DA en conjunto, era un Poder Superior apropiado, otros percibieron lo que buscaban a traves de la sabiduría colectiva de los Pasos, las Herramientas y la literatura. Cuanto más tiempo dedicabamos a los principios del programa, más nos dabamos cuenta de que no sólo contenían el conocimiento y la sabiduría, sino que además tenían una profunda compasión.

Otros buscabamos fuera de DA a un Poder Superior a nosotros mismos. Lo que descubríamos, suficientemente honestos, con mente abierta y dispuestos, es que encontrábamos lo que andabamos buscando. A veces lo encontrabamos en la paz de nuestro lugar favorito, o en la alegría de ver a nuestros hijos jugando, o en el amor que compartimos con nuestros seres queridos más cercanos o en la sorpresa de un momento que nos regala el universo.

Algunos de nosotros decidimos escoger el término Dios y asociarlo con ese Poder mayor o Superior con nuestras creencias religiosas. Eso, también era buena opción. Si teníamos experiencias positivas con Dios y con la Comunidad religiosa, hallabamos que encajaba muy bien en el concepto de Poder Superior a nosotros mismos, en DA, que nos podía devolver el sano juicio.

Some of us did choose to use the term God and to associate this greater or Higher Power with our religious beliefs. This, too, was a fine alternative. If we had had positive experiences with God and religious commnunity, we found that it fit nicely with the DA concept of a Power greater than ourselves that could restore us to sanity.

 

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Sitio web en construcción

continued to debt. D.A.

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CUARTO PASO

Sin miedo hicimos un minucioso inventario moral de nosotros mismos.

Al principio, a muchos nos intimidaba empezar con el cuarto paso. Algunos hemos desperdiciado varios meses con los tres primeros pasos, en un intento de evitar llegar al cuarto. Cuanto más haciamos esto, más invitabamos a la enfermedad de la deuda compulsiva a reafirmarse. Evitando afrontar el paso cuarto, por lo general significa que seguimos absortos en el miedo egocéntrico. Era vital dejar de paralizarnos y seguir adelante.

Sin embargo, muchos no dejabamos de preguntarnos: ¿Que teníamos que buscar en nosotros y sin miedo? ¿Que dolor o remordimiento teniamos que padecer? El concepto de un inventario moral, saca a relucir, lo que pensamos de algunas personas (acreedores, amigos, familiares, lideres religiosos) que nos daban “sermones” de lo que estabamos haciendo mal y nos hacían sentir muy avergonzados. ¿Porque entonces tenemos que etiquetarnos como “inmorales” con el fin de hacer un inventario moral? ¿Es que debemos juzgarnos duramente?

Para abordar estas preocupaciones, necesitabamos confiar en la experiéncia de aquellos que nos habían precedido, como nuestros padrinos y otros miembros con tiempo en Deudores Anónimos.

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Nos aseguraron que el cuarto paso no era un ejercicio para juzgarnos duramente sino que era un honesto auto-examen; que a veces, podría resultarnos difícil de hacer. Lo hacemos, escarbando y sacando a la luz desde cualquier rincón de nuestra enfermedad del endeudamiento compulsivo y nuestra disfuncionalidad emocional, sin descartar nada, por muy grave y oscuro que nos parezca. A pesar de todo, nos dijeron, que las verdades que saldrían sobre nosotros, incluso las más desagradables, nos liberarían. No podíamos seguir ocultandonos tras la verdad y seguímos abiertos en el proceso de la recuperación espiritual.

¿Como hacemos nuestro inventario? Los miembros de DA han hecho esto de varias maneras. Nos hemos dado cuenta, de que el método es importante, pero que los principios que nos guían, aún lo son más. Estos son: honestidad, humildad, un enfoque en nuestros propios defectos (en lugar, de los defectos de los demás) y una conexión con nuestro Poder Superior.

En Deudores Anónimos, hemos aprendido mucho a reemplazar la vaguedad por claridad. Cuando vivíamos en la vaguedad y el autoengaño no podíamos ver ninguna salida para nuestro endeudamiento compulsivo. Cuando alcanzamos la claridad y la honestidad con nosotros mismos, dejabamos de paralizarnos. Ese tipo de honestidad que nos dice el cuarto paso. Y esa necesidad de ser honestos, era una de las razones importantes por la que necesitabamos la orientación y guía de nuestro padrino. Cuando estabamos haciendo el inventario, a veces, caíamos en la tentanción de la auto-justificación. Nuestro padrino, puede detectar esta actitud y nos puede ayudar a concentrarnos en la tarea de nuevo y a librarnos de antiguas excusas. Cuanto más honestos seamos, más conseguiremos liberarnos; y cuanto más concienzudamente lo hagamos, mayor será el crecimiento espiritual con el cuarto paso.